Conferencia Mundial Obrera Abierta

Por la Defensa de la Independencia de las Organizaciones Sindicales y las Libertades Democráticas

 

INFORMACIONES INTERNACIONALES Nº especial 158

15 de noviembre de 2005

Boletín semanal de informaciones editado por el Acuerdo Internacional de los Trabajadores y de los Pueblos


Presentación:

Este número de Informaciones Internacionales se dedica a la publicación íntegra del se-gundo número de Unity & Independence (Unidad e Independencia), "Los sindicalistas dis-cuten sobre la escisión de la AFL-CIO y el futuro del movimiento obrero".
Este número publica la continuación del debate entablado entre sindicalistas y militan-tes obreros de la AFL-CIO y de "Change to Win" ["Cambiar para Ganar" - NDLT], so-bre la necesidad de trabajar por la unidad mundial después de la escisión de la AFL-CIO, así como por la independencia de la organización sindical.
Unidad e Independencia aparece como suplemento en el periódico The Organizer y en el "sitio" de la Conferencia Mundial Abierta, en la sección del Acuerdo.
El Acuerdo Internacional, al publicar la integridad de Unidad e Independencia, se pro-pone contribuir así a un debate que concierne al movimiento obrero internacional.

Podéis encargar este boletín por unidades o varios ejemplares (al precio de 0,50 euro el ejemplar, apoyo: 1 euro o más, gastos de envío no incluidos) escribiendo a:
Entente Internationale des Travailleurs et des Peuples
87, Rue du Faubourg-Saint-Denis, 75010 Paris. Correo electrónico: eit.ilc@fr.oleane.com

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UNIDAD E INDEPENDENCIA
Número 2

En este número
o AFL-CIO y "Cambiar para Ganar", el debate continúa.
- Entrevistas con dos responsables locales del SEIU (Trabajadores de los Servicios) Zev Kvitky, y Maya Morris.
- Entrevista con Tim Paulson, Secretario General de la Unión Local AFL-CIO de San Francisco.
o Los frutos amargos de la colaboración.
- "La capitulación del UAW nos debilita a todos en la lucha de clase" por Bill Onasch (miembro del Consejo Nacional Provisional del Labor Party).
- El grupo New Directions del sindicato del automóvil UAW da su opinión sobre el acuerdo en General Motors.
o Políticas obreras e independientes.
- "El futuro de la clase obrera: tres piedras angulares" por Robin David.
- Una discusión sobre una política obrera independiente organizada por UNIDAD e INDEPENDENCIA.
- Nancy Romer, Sindicato del Personal Docente de la Universidad de la ciudad de New-York-AFT.
- Chris Silvera, sindicato Teamsters (Sindicato de los Camioneros).
- Mark Dudzic, antiguo responsable del Sindicato del Petróleo, Química y Energía Nuclear de New Jersey.
- Extractos del periódico Labor Party News. Política independiente de los negros.
o Sindicalistas Negros tomaron la palabra en la "Marcha del Millón y más" en Washington.
- Patricia Ann Ford, representando el Consejo Sindical de la ciudad de Wasington DC.
- Chris Silvera, (Sindicato de los Camioneros).
- Clarence Thomas, Copresidente del Movimiento de la "Marcha del Millón de Trabajadores", miembro de la Comisión Ejecutiva de la sección local 10 de la ILWU.
o Moción adoptada por la conferencia de la MWMM en apoyo a las propuestas del SOPA de consti-tuir un Frente unido contra la pobreza.
o Extractos de la intervención de Jesse Jackson en la Convención de los Sindicatos de los Taxistas.


¿Quiénes somos?
Os informamos, con satisfacción, de la publicación del segundo número -en edición de papel y electrónica-, de la carta de información Unity & Independence (Unidad e Independencia).
Unidad e Independencia tiene por objetivo iniciar un amplio debate entre sindicalistas y militan-tes obreros americanos sobre la urgencia de trabajar para la unidad sindical en la situación abierta por la reciente escisión de la AFL-CIO, así como por la independencia sindical -ante los dispositivos de colaboración asalariados-patronos-, respecto a los partidos del gran capital (Demócratas y Republicanos) y a las instituciones internacionales del capitalismo mundial (el FMI, el Banco Mundial, la OMC y la "nueva gobernanza mundial" predicada por la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas).
Unidad e Independencia es una publicación a iniciativa del Comité Americano de Apoyo al Acuerdo Internacional de los Trabajadores y de los Pueblos, reagrupamiento de sindicalistas y militantes políticos, de orígenes y tendencias diversas de más de 80 países, comprometidos con la preservación de la independencia de las organizaciones obreras y con el trabajo en un combate unido, a través de campañas comunes, para poner término a la ofensiva antiobrera de las multi-nacionales y de los gobiernos a su servicio.
Unidad e Independencia se publica en San Francisco, California, seis veces al año como suple-mento separable del periódico The Organizer. Todos los artículos de la versión papel, Serán igualmente reproducidos en el "sitio" de la Conferencia Mundial Abierta, www.owcinfo.org
El Comité de redacción está formado por los siguientes miembros, (el nombre del sindicato y la posición sindical, sólo se especifican con finalidad de identificación):
Alan Benjamin, miembro del Comité Ejecutivo de la Unión Local de San Francisco (AFL-CIO); Nadia Garuti, redactora de The Organizer Newspaper; Jerry Gordon, Presidente del Labor Par-ty de Ohio, miembro de la dirección de USLAW; Jack Rasmus, Presidente de la Sección de la Bahía de San Francisco del Sindicato de los Autores-UAW; Ed Rosario, miembro de la dirección de la Sección Local 1 del Sindicato de la Prensa y del Sindicato de los Camioneros (International Brotherhood of Teamsters); Chris Silvera, Secretario General adjunto de la Sección Local 808 del Sindicato IBT, Presidente del Sector de los Trabajadores Negros del Sindicato de los Camio-neros (Teamsters National Black Caucus); Clarence Thomas, Copresidente del Comité para la Marcha del Millón de Trabajadores, miembro de la Sección Local 10 de la ILWU; Nancy Wohl-forth, el Copresidente nacional de Pride at Work/AFL-CIO; Zev Kvitky, Presidente de la Sec-ción Local 715 de la United Stanford Workers-SEIU.
Responsables de la publicación: Alan Benjamin y Ed Rosario.

Invitamos a todos los sindicalistas y militantes a apoyar y contribuir a Unidad e Independencia, enviando sus artículos y/o comentarios, encargándose de difundirlo entre sus amigos y colegas y -esto es muy importante-, enviando un apoyo financiero muy útil para garantizar la publica-ción regular del boletín. Si queréis, enviad vuestros cheques a Unidad e Independencia, c/o The Organizer, PO Box 40009, San Francisco, CA 94140 (cheques a la orden de The Organizer).
Gracias por adelantado por vuestro apoyo.
La redacción.

AFL-CIO y "Cambiar para Ganar";
El debate continúa

Responsables locales del SEIU dan su opinión sobre el programa de "Cambiar para Ga-nar".

[Nota: A continuación figuran las entrevistas con dos responsables locales del SEIU (trabajadores de los servicios) Zev Kvitky, Presidente de la Sección Local 715 del United Stanford Workers/SEIU y Maya Morris, Vicepresidenta del Sindicato Unificado de los Trabajadores de la Salud, sector Occidental, afiliado al SEIU. Alan Benjamin mantuvo la entrevista]

Pregunta: ¿Qué piensas de la escisión de la AFL-CIO y la fundación de la coalición "Cambiar para Ganar" hace algunas semanas en San Luis?
Zev Kvitky: Somos aún muchos en la base, los que nos preguntamos sobre esta escisión. El futuro dirá si era la solución adecuada. En muchos aspectos, el debate interno en nuestro sindicato y el debate público que precedió a la escisión, apenas tenían sentido, porque no abordaban los problemas, en el centro de la ruptura. Dicho esto, las dos cuestiones esenciales de la sindicalización y la orientación política son impor-tantes. Y respecto a eso, pienso que lo que los sindicatos de "Cambiar para Ganar" se proponen realizar, nos da razones de esperar.
Hablemos un momento de la construcción del sindicato. Maya, tú fuiste uno de los elementos motri-ces de una huelga, aquí-mismo en San Francisco, en los hospitales de Sutter Heath, huelga que dura desde hace más de ocho semanas.
Háblanos de lo que ha hecho tu sindicato.
Maya Morris: Mi sección local invirtió muchos medios en la afiliación sindicalización y hemos consegui-do extraordinariamente bien, aumentar el número de nuestros afiliados en toda California.
En Sutter Health, tenemos el ejemplo de una empresa que está dispuesta a gastar una increíble cantidad de medios con el fin de combatir al sindicato. Contrataron gente para romper el sindicato y romper la huelga. Durante las recientes negociaciones presentamos más de 100 denuncias contra esta compañía por infracción de la legislación laboral. Entonces, la cuestión es, saber cómo organizarse ante un patrono que se decide a ir tan lejos y cómo proceder en un sistema dónde las leyes juegan realmente contra los trabajadores.
Los sindicatos de "Cambiar para Ganar", mantienen que se necesita un gran sindicato que tenga los medios de enfrentarse a un gran patrono o a todo un conjunto de patronos a la vez. Es verdad. Si intentáis construir un sindicato en Sutter Health sector por sector -y eso es lo que hemos intentado anteriormente-, tenéis pocas oportunidades de triunfar. Necesitáis un método de conjunto.

La dirección de la AFL-CIO ha declarado que no se opone a los supersindicatos. Dice haber integra-do ya, un gran número de las propuestas esenciales de los sindicatos de "Cambiar para Ganar". ¿Acaso resulta que la escisión se debió realmente sobre la cantidad de medios que deben asignarse a la sindicalización?
Zev Kvitky: No hay ninguna duda que hay una lucha por el dinero y el poder, pero las divergencias sobre la sindicalización eran también muy reales. La AFL-CIO no asumió los compromisos consecuentes que los sindicatos de "Cambiar para Ganar" pedían.

El llamamiento inicial, de los sindicatos de "Cambiar para Ganar", a fusiones forzadas suscitó mu-cha oposición. Los sindicatos en su conjunto tuvieron la impresión de que se realizaba un ataque a su autonomía. Parece que los dirigentes de "Cambiar para Ganar", han vuelto de nuevo sobre esta pro-puesta. Entonces, ¿cómo realizar reagrupamientos, si bien efectivamente es necesario en algunos sec-tores, tras respetar la autonomía de las secciones locales y su funcionamiento democrático?
Zev Kvitky: Es un verdadero problema. Se señalaba, especialmente, en los primeros documentos de la "Asociación para una nueva unión", que después se convirtió en "Cambiar para Ganar"
En esos documentos, se encontraban declaraciones que explicaban que la "autonomía local" y los "intereses regionales", podían constituir obstáculos a los objetivos que se fijaban. Tales expresiones parecían utilizar-se para significar "democracia" e implicar, que la democracia local podía, efectivamente, ser un obstáculo al progreso. En el sindicato SEIU, esta preocupación era expresada de una manera característica con la pre-gunta: "¿Para qué sirve la democracia sindical si nadie tiene sindicato?".

Pero ¿podemos construir sindicatos y tener más afiliados sin democracia desde la base? Estos argu-mentos ¿no sirven simplemente para justificar un tipo de sindicalismo, donde todo se decide desde la cúpula, copiado finalmente de las estructuras empresariales? Si los trabajadores no están convenci-dos de que su propio sindicato les pertenece, ¿qué es lo que les impedirá salir tan rápidamente como hayan entrado?
Zev Kvitky: Yo encabecé una lista de candidatos militantes de base a las elecciones de mi sección local del SEIU, la Sección 715. Queríamos un cambio fundamental en la forma en que nuestra sección era dirigida. Queríamos que los miembros se reapropiaran del sindicato y que se hiciera más democrático. Este conflicto con la dirección actual desde la base, no tuvo éxito, aunque recibimos un amplio apoyo. Muchos de nues-tros mejores sindicalistas se desmoralizaron cuando se dieron cuenta de que un aspecto de democracia en-mascaraba el carácter profundamente antidemocrático de la forma en que se toman las decisiones. A lo lar-go de los años, numerosos sindicalistas esforzados renunciaron a sus actividades por esta razón, es pues, una orientación que tiene un efecto destructivo sobre nuestro sindicato. No creo que el SEIU pueda exhibir un extraordinario balance cuando se trata de democracia sindical, pero tampoco pienso que el balance sea diferente para la mayoría de los sindicatos de la AFL-CIO. El grado de democracia varía según las seccio-nes, incluso en el SEIU. Pero ahora lo que me inquieta mucho, es la constitución de supersindicatos por "Cambiar para Ganar" y parece que también por algunos sindicatos de la AFL-CIO. ¿Podrán los sindicalis-tas desempeñar un papel significativo, de una manera o de otra? ¿Tendrán algún poder de decisión en el sindicato?
Si los sindicatos son incapaces de dar toda su importancia al sindicato, lo que implica una vida democrática interna, nunca podrán construir un movimiento, cualquiera que sea el número de miembros. Podrían termi-nar por parecerse a la AAA, al automóvil-club, o al Sierra Club, organizaciones que tienen millones de miembros sobre el papel pero ningún poder político real.
Para los que, de entre nosotros, quieren realmente reconstruir el movimiento obrero, la democracia es esen-cial. Desgraciadamente, no vemos un verdadero compromiso en este sentido, en ningún de los dos sectores en presencia.
Sin embargo, a pesar de estos serios problemas, parece que los sindicatos de "Ganar por el cambio" dan prueba de no poca energía y entusiasmo debido, precisamente, a esta insistencia sobre la sindica-lización
Maya Morris: Tienes razón absolutamente. En nuestra sección local se nos reanimó en bloque. Nuestra sección cubre en adelante todo el Estado, puesto que nuestra sección de California del Norte, la sección SEIU 250, se fusionó con la sección SEIU 399, de los trabajadores de la salud en California del Sur. En nuestro caso, no se trató en absoluto de una fusión forzada. Más bien, sería lo contrario, hacía casi diez años que mencionábamos la necesidad de una fusión.
En nuestro caso, los afiliados votaron por la fusión por una aplastante mayoría. La gente comprendió que era lógico que los trabajadores de la salud estuvieran unidos. Trabajamos para los mismos patronos, y hemos coordinado nuestras negociaciones con patronos como Catholic Health Care West. Por tanto, la fu-sión se consideró como una innegable manera de reforzarnos. También hemos comprendido que, quizá, po-díamos evitar recurrir a la huelga si llegábamos a obtener buenos contratos colectivos.
Pero eso creó un nuevo reto. Somos más numerosos, tenemos más poder, entonces ¿cómo implicamos a nuestros afiliados en la actividad sindical, y cómo ligamos las luchas en el terreno con las negociaciones colectivas?

A raíz de la escisión de la AFL-CIO, ¿existe una amenaza de que, los sindicatos se entreguen a una guerra más encarnizada para reclutar?
Maya Morris: Los conflictos entre sindicatos son un gran peligro. Hay también un gran problema, cuando sindicatos llegan y aceptan normas inferiores en un sector dado. Debemos hacer saber a nuestras direccio-nes sindicales, que tenemos necesidad de un movimiento obrero unido, de trabajar en unidad sobre la orien-tación política y la sindicalización.
Ahora que hemos salido de la AFL-CIO, nuestros dirigentes de "Cambiar para Ganar" van a hacerlo todo para probar que su estrategia es la buena. Y uno de los ejes principales de su estrategia, es desarrollarse. Tengo inquietudes con respecto a las querellas entre los sindicatos, no solamente entre los sindicatos de la AFL-CIO y los de "Cambiar para Ganar", sino dentro del SEIU mismo, tomando también el conflicto, la forma de una oposición entre el desarrollo del sindicato y las normas en el trabajo. Y eso podría arrastrar-nos por una peligrosa pendiente.
Zev Kvitky: Nuestros afiliados no tienen nada que ganar en estas batallas entre sindicatos por el control de un territorio. Los únicos que sacan ventaja de ello, son los patronos. Los sindicatos de "Cambiar para Ga-nar" están bajo presión, deben crecer rápidamente, ya que, ha sido sobre esta base sobre lo que desafiaron a la AFL-CIO. Los afiliados deben pedir cuentas a sus dirigentes para que no se distraigan con estos juegos de poder y de conquista. Debemos enviarles un mensaje fuerte: tenemos que seguir siendo solidarios, por-que somos atacados por el gobierno y la patronal, como nunca lo hemos sido antes.

Los sindicatos de "Cambiar para Ganar", acusaron violentamente a los Demócratas de no defender a los trabajadores. Algunos sindicalistas piensan que se debería dedicar menos dinero a la política ge-neral, mientras que otros, como yo, pensamos que debemos avanzar hoy en la construcción del Labor Party ya emprendida. En tu opinión ¿cómo debería responder el movimiento obrero, a los retos polí-ticos a los que se enfrentan?
Zev Kvitky: Mi propio sindicato, el SEIU afirma desde hace algún tiempo que deberíamos cambiar nuestra actitud sobre las cuestiones políticas; y sin embargo la dirección del SEIU pagó más dinero para la campa-ña de Kerry el año pasado, que en ningún otro momento en la historia de nuestro sindicato. Es pues una cuestión importante para nosotros, saber si este discurso sobre una nueva actitud hacia la política se utiliza-rá para elaborar un nuevo programa político. Eso exigiría mucha más educación política dentro de nuestras instancias, lo que nuestros sindicatos han hecho muy mal.

El Comité de redacción del periódico The Organizer ha hecho un llamamiento a los sindicatos y a las organizaciones locales con el fin de prepararse para presentar candidatos o listas obreras indepen-dientes a las elecciones. ¿Qué pensáis de esto?
Zev Kvitky: Numerosos sindicatos hablan de presentar candidatos a las elecciones políticas. El problema, en mi opinión, es que nuestro sistema electoral está trucado e influye contra cualquier candidato o partido independiente. Está controlado por dos partidos políticos que, con el tiempo, cada vez se han ido acercando más, de modo que es muy difícil que un tercer partido tome importancia. Pienso que, para comenzar, es ne-cesario apoyar las reformas electorales que permitirían a los partidos y candidatos independientes expresar-se: representación proporcional, íntegramente proporcional y, así sucesivamente. La razón por la que eso no se ha producido es, que los sindicatos han seguido atados al Partido Demócrata. Si los sindicatos de "Cam-biar para Ganar" quieren poner de manifiesto que están decididos a promover una política independiente, sería fácil empezar por ahí y eso sería muy popular.
Maya Morris: Yo no pienso que, en esta etapa, el movimiento obrero sea bastante fuerte para desarrollar su propio programa. Simplemente porque no somos bastante numerosos. Creo que para comenzar, y es lo que mi sección local hizo, es necesario impulsar la formación sobre los grandes problemas, por ejemplo so-bre la globalización. ¿Qué es la OMC? ¿Qué es el TLC? ¿Qué entendemos por "economía equitativa"?
Zev Kvitky: Por una parte, lo que falta al movimiento obrero, es un verdadero programa político. Si lo ela-boramos, incluso a nivel local, y si trabajamos con nuestros aliados en ese terreno, podremos comenzar a reconstruir una fuerza política.
La primavera pasada, en la emisión televisada presentada por Lou Dobbs, Andy Stern, el Presidente del SEIU declaró que, por lo que se refiere a la nueva economía mundializada, es esencial que los sindicatos trabajen en colaboración con las grandes empresas. Dijo que ya no es posible combatir la deslocalización de nuestros empleos, que ahora, debemos cooperar con las multinacionales para pro-poner mejores deslocalizaciones. En la convención de "Cambiar para Ganar" en San Luis, Stern dijo que, el movimiento obrero ha fracasado a menudo porque "Hemos tenido una estrategia muy de, lu-cha de clase". Prosiguió: "en la nueva economía, necesitamos asociaciones con los patronos allí donde el programa "Team America" tiene un plan para construir la economía americana.".
La coalición "Cambiar para Ganar" acaba de anunciar que va a intensificar su cooperación con la UNI y que formará parte de la "federación mundial" que será resultante de la fusión prevista el próximo año entre la CIOSL y la CMT, una confederación internacional de derechas basada en los principios cristianos y sobre todo famosa por su promoción de "la cooperación entre la patronal y los sindicatos" y su rechazo categórico, del concepto según el cual, los obreros y los patronos tienen in-tereses contradictorios y en consecuencia antagónicos, como consecuencia de sus respectivos papeles en el proceso de producción.
La nueva confederación resultante de la fusión, a la que se afiliará la AFL-CIO, estará basado en esta "asociación" con el FMI, el Banco Mundial, la OMC y las multinacionales. El Acuerdo alertó y expli-có los peligros de esta rápida deriva hacia un corporativismo "neototalitario". ¿Acaso las observa-ciones de Stern son un tema de preocupación para los miembros del SEIU?
Zev Kvitky: En muchos aspectos, ese es uno de los debates más importantes, a los que el movimiento obrero se enfrenta en este país y a escala internacional. Es una cuestión que determina el tipo de movimien-to sindical que esperamos construir. Y con todo, estuvo completamente ausente del debate sobre el futuro del movimiento obrero.
Durante los últimos meses, estuve especialmente inquieto, después de haber leído las declaraciones de An-dy Stern en la prensa económica. Fue ampliamente entrevistado en ella y ha hablado ante asociaciones de hombres de negocios. Hizo afirmaciones muy diferentes de las que hace delante de los sindicados.
Stern habla mucho de las colaboraciones entre los sindicatos y la gran patronal y la manera en que nosotros, como sindicatos, podemos contribuir a aumentar el valor de las empresas. Utiliza mucho el lenguaje de los patronos. Como tú has señalado, repitió abiertamente que entramos actualmente, en una nueva era de la lu-cha de clases con la formación de "Cambiar para Ganar", que no vamos a volver a los años 30. Dice que la globalización es inevitable y que debemos aceptar las deslocalizaciones. Mantiene que el movimiento obre-ro debe adaptarse a las exigencias de la globalización.
Encuentro estas posiciones muy peligrosas, sobre todo teniendo en cuenta que todo este debate está ausente del debate entre sindicalistas y trabajadores en nuestro país. De hecho, en gran parte, los trabajadores de es-te país no tomaron conciencia del alcance de estos conceptos políticos. La gente no comprende, por ejem-plo, cómo las posiciones defendidas por Stern han conducido a la destrucción de los empleos y a la reduc-ción de los derechos de los trabajadores en Europa y en el mundo.
Pero esta cuestión de la colaboración entre los sindicatos y los patronos no es nueva. Mira, por ejem-plo, la reciente decisión de General Motors de disminuir el importe de las jubilaciones. Para los tra-bajadores sindicados en la UAW, es el resultado amargo de 20 años de colaboración entre la direc-ción de la UAW y General Motors [Véanse otros artículos en este Boletín]. El mismo SEIU tiene acuerdos de colaboración con empresas de salud como Kaiser Permanente...
Zev Kvitky: Es cierto. El SEIU ha desarrollado colaboraciones con patronos que no dieron muy buenos re-sultados para nuestros miembros. Observamos este fenómeno recientemente en el Estado, donde nuestras colaboraciones con algunos patronos condujeron el SEIU a solicitar disposiciones que contradicen las posi-ciones que afirmamos por otra parte. Creo que es una vía muy peligrosa si queremos construir un movi-miento sindical independiente y unificado. Es peligroso hablar de intereses comunes con los patronos, co-ntra los que luchan los trabajadores.
Maya Morris: Pienso que numerosos trabajadores tienen una comprensión muy limitada de la globaliza-ción. En cuanto al modelo de colaboración, tuvimos problemas con nuestros miembros de la base, sobre el terreno.
Por lo que se refiere a la asociación con Kaiser, tuvimos dificultades de movilizar a nuestros afiliados. Co-mo no tuvieron que hacer huelga desde hace tiempo, olvidan a menudo que es el sindicato el que les ha ayudado a obtener lo que tienen. Tienen quizá, el mejor contrato del país en el sector de la salud. Lo lla-mamos el contrato Cadillac, y eso nos ayuda a hacer progresar los contratos para los que trabajan en las demás grandes compañías del sector de la salud.

En el caso de la colaboración con Kaiser, tu sindicato pudo ganar y mantener disposiciones de muy alto nivel. Pero el modelo de colaboración en general se tradujo en un deterioro considerable de las condiciones y salarios. Son estos planes de "colaboración" los que han contribuido a diezmar un gran número de sindicatos en la industria del Medio Oeste. Estos planes de colaboración, son puñales ma-nejados por los sindicatos para cortarse la garganta ellos mismos.
La cuestión de las colaboraciones en la economía mundial, como Stern la plantea, quizá no se entien-de por todo el mundo. Sin embargo las que han fracasado han sido muy bien entendidas en algunas regiones del país, como en Decatur en Illinois, donde los planes de "colaboración patronal-sindicato" destruyeron millares de empleos en AE Staley, Firestone Co., y Caterpillar.
Zev Kvitky: Probablemente haya una diferencia, entre las colaboraciones con las compañías que pueden deslocalizar sus empleos en otros países y las que no pueden. Las colaboraciones en el sector de los servi-cios, como en el mantenimiento y la limpieza en ABM, pueden parecer diferentes de las que fallaron en las industrias del Medio Oeste. Dicho esto, yo no podría apoyar un método de sindicalización que dice que de-bemos aumentar el número de nuestros afiliados a toda costa. Probablemente tengamos que pagar el precio, un precio enorme, si establecemos colaboraciones con patronos con los que no tenemos, simplemente, nin-gún interés común. Es posible que, el precio que debe pagarse no valga la pena.

La palabra a Tim Paulson
(Unión Local de la AFL-CIO de San Francisco)

[ Nota: La siguiente entrevista con Tim Paulson, Secretario General de la Unión Local AFL-CIO de San Fran-cisco, fue recogida por Alan Benjamín, el 18 de octubre de 2005 ]

Pregunta: Como Secretario General de la Unión Local de San Francisco, has sido invitado a la Conven-ción de "Cambiar para Ganar" en San Luis el 27 de septiembre. ¿Cómo valoras esa Convención?
Tim Paulson: He estado en este convenio invitado por la coordinadora de "Cambiar para Ganar" Anna Burger, en el mismo concepto que otros responsables de uniones locales de la AFL-CIO. Los responsables de la Unión Local de San Francisco pensaron que sería importante que fuera a ella. Creo que he sido invitado debido a la po-sición muy nítida de nuestra Unión Local, que ha pedido que las Federaciones de Estado y las Uniones Locales sigan unidas y trabajen juntas, sobre todo en California, donde es crucial reagrupar nuestras fuerzas con el fin de hacer fracasar las propuestas antiobreras que Schwarzenegger presenta al voto el 8 de noviembre. No sería lógico tener estructuras separadas en las localidades y los Estados.
La Convención de "Cambiar para Ganar" fue, esencialmente una reunión de un día, destinado a la campaña de sindicalización. La única decisión de acción fue la creación de un centro de investigación y organización de "Cambiar para Ganar" con el fin de promover estrategias y reunir fondos (el objetivo se fijó en 750 millones de dólares) para ayudar a la sindicalización. Los siete sindicatos de "Cambiar para Ganar", el SEIU (trabajadores de los servicios), los Teamsters (Camioneros), UNIDAD/HERE (industria textil), Laborers (construcción), UFCW (alimentación), los Laborers (los carpinteros de obra) y los Farmworkers (trabajadores agrícolas), se pusieron de acuerdo y trazaron las grandes líneas de los distintos programas sobre los que se proponen trabajar. Todos los sindicatos dijeron que eso era lo que querían hacer dentro de la AFL-CIO, pero que "era imposible".

Dices que "era imposible" pero la dirección de la AFL-CIO declaró que estaba dispuesta a transferir una parte significativa de las cotizaciones individuales pagadas por cada sindicato, con el fin de ayudar a la sindicalización. Añadió que no había desacuerdo fundamental sobre la estrategia y sobre la necesidad de reagrupar sindicatos con el fin de reforzar su potencia organizativa.
Tim Paulson: El punto de ruptura se alcanzó cuando los sindicatos de "Cambiar para Ganar" presionaron para que un porcentaje mucho más importante del presupuesto global de la AFL-CIO fuese dedicado a la sindicaliza-ción. La AFL-CIO respondió: "No, no iremos tan lejos como exigís, ya que eso dislocaría nuestra infraestructu-ra. Aumentamos de una manera significativa los medios que concedemos a las campañas de sindicalización y a la acción política pero lo que pedís no puede cargarse sobre nuestro presupuesto.".
El fondo del problema es que la dirección de la AFL-CIO no se proponía transferir tanto como les reclamaban los sindicatos de "Cambiar para Ganar". Esta cuestión estaba también vinculada al debate sobre la acción políti-ca: ¿Deberíamos dar más dinero a la sindicalización o a la política? Y los sindicatos de "Cambiar para Ganar" replicaron: "¡Sindicados! ¡Sindicados! ¡Sindicados! ¡Necesitamos más afiliados!"

Puesto que hablamos de política, una crítica muy a menudo dirigida a los sindicatos de "Cambiar para Ganar", es que, incluso si es como coalición, hablan de la necesidad de suministrar menos dinero a los po-líticos y más para sindicar, se establece que con carácter individual un gran número de sindicatos de "Cambiar para Ganar" declaró que estaban dispuestos a sostener a los Republicanos en las próximas elecciones. Realmente, no es un cambio que vaya en el sentido de una política independiente para el mo-vimiento obrero. ¿Se planteó esta cuestión como tal, en la Convención de San Luis?
Tim Paulson: Las cuestiones políticas fueron objeto de numerosos comentarios, pero la mayoría afirmaban los siguientes principios: "No vamos a conformarnos con dar dinero a los Demócratas porque las circunstancias hacen de ellos el mal menor. Vamos a favorecer la presentación de nuestros propios candidatos y aplicaremos criterios mucho más severos para determinar que recibirán, no solamente nuestro dinero, sino los medios de los que disponemos.".
Durante las últimas semanas, tuvieron lugar debates entre las direcciones de la AFL-CIO y de "Cambiar para Ganar". Ayer [17 de octubre], un comunicado de prensa de la AFL-CIO anunció que había llegado a un "acuerdo de principio" con "Cambiar para Ganar" que permitiría a los sindicatos de "Cambiar para Ganar" funcionar en las Federaciones de Estado y las Uniones locales. Este acuerdo autorizaría a los responsables de los sindicatos de "Cambiar para Ganar" a ocupar posiciones de dirección en estas instancias locales y en los Estados.

Eso representa una importante evolución con relación a la posición intransigente adoptada por John Sweeney en el Congreso de la AFL-CIO en Chicago, e incluso más tarde cuando Sweeney propuso "Car-nés de solidaridad" a los sindicatos de "Cambiar para Ganar". ¿Cuál es tu valoración sobre este acuerdo y tiene oportunidades de durar? Por otra parte, ¿qué es lo que, en tu opinión, determinó este vuelco?
Tim Paulson: Digo y repito desde el convenio de Chicago, que es necesario esperar que las cosas se calmen. Había tantas polémicas en ese momento, que era natural que se expresase mucha ira entre los dirigentes. Cuando John Sweeney, con su habilidad de negociador, estableció la primera versión del "Carta de solidaridad", recono-ció que era absurdo crear instancias sindicales diferentes en el Estado y la localidad. Eso era importante. Pero como elementos que objeto de estas negociaciones, había lo que podríamos llamar tres "culebras que tragarse", quiero decir que se declaraba: "Sí, os aceptamos, pero estas son nuestras condiciones.".
Según la primera versión de la "Carta de solidaridad", todos los sindicatos a los que se concedía, debían publicar una declaración que criticaba la decisión de "Cambiar para Ganar", de escindirse de la AFL-CIO. A continua-ción, en el marco de esta carta, ningún dirigente de un sindicato de "Cambiar para Ganar" podía convertirse en miembro de la dirección de una Federación de Estado o de una Unión Local. Y finalmente todo sindicato de "Cambiar para Ganar" que pidiese esta carta debería pagar una cotización suplementaria evaluada en el 10% de lo que pagan los otros sindicatos afiliados.
Todo eso formaba parte del proceso de negociación inicial porque había en ella aún, mucha ira y reproches.
Pero las cosas se calmaron efectivamente y visiones más serenas han acabado por triunfar. Se han suprimido las condiciones previas. "Cambiar para Ganar" publicó este acuerdo en su sitio Internet. Yo soy pues, en realidad, optimista por lo que se refiere al acuerdo al que se ha llegado. Pienso que los dos campos admiten la necesidad de un compromiso financiero, cualquiera que sea su naturaleza, que permita el funcionamiento correcto de las Federaciones de Estado y las Uniones Locales. Trabajan aún sobre esta parte del acuerdo, pero yo no creo que esta última serie de debates sobre las finanzas causará disputas. Ahora, se trata de una simple cuestión de deta-lles.

¿Piensas que la posición en favor de la unidad, adoptada por la Unión Local de San Francisco y por otras uniones locales haya contribuido a este cambio en la posición adoptada por la dirección de la AFL-CIO?
Tim Paulson: Esto ha modificado considerablemente la situación. Durante los cinco días que estuve en el Con-greso de la AFL-CIO en Chicago, probablemente pasé la mayor parte de mi tiempo hablando de este tema con mis compañeros de las Federaciones de Estado y las Uniones Locales, al mismo tiempo, durante las reuniones oficiales y los encuentros informales. Todos nos preguntábamos, con inquietud, cómo abordar la escisión con los sindicatos de "Cambiar para Ganar" y hemos hecho comprender tanto a los dirigentes de la AFL-CIO como a los de "Cambiar para Ganar" que queríamos mantener la unidad. Fue especialmente el caso de los delegados de Ca-lifornia. California dio el ejemplo. Dijimos claramente y con todas nuestras fuerzas: "No cambiaremos nuestro método de funcionamiento. No cambiaremos a ninguno de nuestros responsables. Y servimos de ejemplo para otros delegados en la manera en que debemos seguir siendo solidarios.".
Todos nosotros, en California, sobre todo los que, de entre nosotros, vienen de la Bahía de San Francisco, traba-jamos actualmente juntos como nunca lo hemos hecho anteriormente. Somos ahora, incluso más fuertes. Es pues cierto, enviamos un mensaje a nivel nacional, y afortunadamente este mensaje ha sido escuchado.
Pero en numerosos Estados a través del país, ha habido escisiones en las Federaciones de Estado y las Uniones Locales. Responsables de los sindicatos de "Cambiar para Ganar", han sido cesados de su posición de dirigentes. Serán necesarios muchos esfuerzos para volver a poner las cosas en su sitio. Deberán encontrar los medios de trabajar, de nuevo, juntos.

Además de esta preocupación sobre la ruptura de la unidad en Estados y localidades, se sentía también es-ta profunda inquietud: una escisión de la AFL-CIO podría aumentar los riesgos de defección temporal de adherentes entre los sindicatos. ¿Piensas que el "acuerdo de principio" entre la AFL-CIO y "Cambiar pa-ra Ganar" contribuirá a evitarlo?
Tim Paulson: Completamente. Desde el Congreso de Chicago, algunas de las cuestiones suscitadas por el artícu-lo 20 ya reaparecieron en algunos lugares. A pesar de todo, es significativo que los sindicatos CWA y UNIDAD/ HERE hayan llegado a un acuerdo de principio sobre la cuestión de los casinos indios, en los temas de la sindica-lización y la competencia entre sindicatos.
Es tan significativo como que, en el sector de los servicios de ayuda a domicilio, la AFSCME y el SEIU se hayan puesto de acuerdo con el fin de evitar cualquier desafiliación y para llevar campañas comunes de sindicalización. En consecuencia si estos cuatro sindicatos pueden encontrar un acuerdo en este increíble clima de confrontación, es de buen augurio para todos nosotros. Pienso que hemos comprendido que nos espera un inmenso trabajo de sindicalización y que, por lo tanto, no tenemos que combatirnos por conquistar territorios.

¿Deseas añadir alguna otra cosa?
Tim Paulson: Como sabes, he sido elegido Secretario General de la Unión Local de San Francisco hace un año. Estoy a punto de comenzar mi segundo año en esta responsabilidad. Nuestra Comisión Política funciona correc-tamente, así como nuestra Comisión de los Empleados de los Servicios Públicos. Pero la comisión que me he es-forzado, realmente, en levantar, es la encargada de la sindicalización y la organización del sindicato.
En cierto modo, el hecho de que hayamos vendado las heridas, para preservar las condiciones de nuestra unidad me da la esperanza de que nuestros esfuerzos de sindicalización puedan, a partir de ahora, ponerse en marcha. San Francisco está madura para la organización. Somos una ciudad sindicalista, pero podemos serlo más aún.


Los amargos frutos de la colaboración.
LA CAPITULACIÓN DE LA UAW
NOS DEBILITA A TODOS EN LA LUCHA DE CLASES.
Por Bill Onasch

[Bill Onasch es miembro del Consejo Nacional Provisional del Labor Party.
Se adaptó este artículo, con su permiso, de un artículo fijado en el sitio Internet de Kansas City Labor: www.kclabor.org.]

La evolución de los últimos acontecimientos en la UAW, no constituyen simplemente la consecuencia de una lista de concesiones demasiado larga. Tenemos el litigio por el abandono del último sector de la clase media en cuello azul que estaba reputada de ser una característica de la sociedad americana. No es un asunto insignificante.
Los patronos, los medios de comunicación y los políticos a su servicio, así como los burócratas sindicales sin energía, van a procurar que no sea un asunto nimio. Cuando las organizaciones trabajadoras, implica-das por el UAW, ganaron proyecciones importantes entre el final de la última Guerra Mundial y los años 70, millones de trabajadores, incluidos los no sindicados, se beneficiaron indirectamente. El conjunto de los salarios aumentaba regularmente. La mayoría de los patronos se reflejaron a ofrecer ventajas como un seguro salud o planes de jubilación.
La película, que se remonta muy atrás, ha vuelto, de nuevo, casi a su inicio. El modelo de la negociación de toma y daca durante los 30 últimos años condujo a salarios reales en estancamiento o en baja, y a una re-ducción de ventajas, tanto para los sindicados como para los no sindicados.
La componente afro-americana de "clase media" obrera, ha sido más especialmente afectada, ya que de-pende más de los sindicatos, para obtener empleos correctamente pagados en el sector privado.
En los años 80, estaba sindicado un 25% de los trabajadores negros; hoy esta proporción ha caído a 1 so-bre 7. Los despidos previstos en el automóvil van a afectarles, proporcionalmente, más duramente aún. Eso no podrá sino acentuar la pobreza y la desesperación de la comunidad negra del país.
Y héteme aquí que, los dirigentes de este sindicato de vanguardia dieron el visto bueno a enormes conce-siones que se referían no sólo a los activos sino también a los pensionistas. Eso conduce a una atmósfera de crisis que cualquier patrono usará para explotar, incluso aunque tengan convenios y planes de jubilación.
Algunos dicen que los dirigentes de la UAW no tenían elección. Realmente, podían haber elegido decir simplemente no. Había un convenio existente, aún en vigor para dos años. General Motors, con enormes reservas de tesorería disponibles, no habría podido esgrimir la amenaza de una declaración de quiebra. Habría podido ganarse el tiempo para reunir las fuerzas para combatir.
Dans le contexte de la lutte de classe, cette capitulation ne fut pas une bataille perdue, elle ressemble plus à la déclaration du gouvernement français qui ouvrit les portes de Paris aux armées d'Hitler. Pendant que notre commandement travaille à créer leur petit Vichy, ceux d'entre nous qui veulent continuer le combat doivent se regrouper pour résister
En el contexto de la lucha de clases, esta capitulación no fue una batalla perdida, se asemeja más a la de-claración del gobierno francés que abrió las puertas de París a los ejércitos de Hitler. Mientras que nues-tro estado mayor trabaja para crear su pequeña Vichy, los que, de entre nosotros, quieren seguir el com-bate deben agruparse para resistir.
Bill Onasch


Hasta estas últimas semanas, la UAW podía legítimamente enaltecerse de haber estado en el grupo de cabeza de las grandes organizaciones sindicales americanas. Alegando los acuerdos con los Tres Grandes (GM, Ford y Chrysler), los trabajadores del automóvil podían estar orgullosos de sus elevados salarios, de su seguro de en-fermedad, de sus jubilaciones y del pago de horas extraordinarias entre los mejores. Hasta tenían una agencia de trabajo temporal para contrarrestar el impacto de los despidos a corto plazo.
Por supuesto, con relación a la situación de hace 20 años, muchos menos trabajadores se beneficiaban de estas ventajas. Las cuotas de mercado perdidas, las evoluciones tecnológicas, las deslocalizaciones y la externaliza-ción, todo eso costó muy caro al UAW en términos de afiliación.
"Solidarity House" había pretendido impedir esta decadencia intentando una estrategia de colaboración respon-sable con los patronos. Esperaban encontrar un terreno de acuerdo que pudiera eliminar el terreno reconquistado por los patronos en el acero, la electricidad, el caucho, la carne, y en otros bastiones sindicales.

Fuerte tormenta anunciada
Pero eso no hizo más que aplazar la crisis. Una tormenta de fuerza 5 se anuncia y amenaza a los trabajadores de GM/Delphi. Ford y Chrysler siguen el mismo camino y, al final, casi todos los trabajadores van a sufrir su cólera de una manera o de otra.
No es necesario buscar en el extranjero lo que amenaza los beneficios de los "socios" de la UAW -GM, Ford, y Daimler-Chrysler-, sobre el suelo americano. Las supuestas "instalaciones" de fabricantes asiáticos y europeos en el territorio americano, producen millones de coches en los Estados Unidos, a costes mucho más bajos.
La diferencia de salario en esas fábricas, aunque sustancial, no constituye más que una parte de esta amenaza competitiva. La diferencia derivada del coste salarial de la protección social es enorme. Los Tres Grandes se ven obligados a pagar decenas de miles de millones en jubilaciones y en seguros de salud, para un número de pen-sionistas siempre creciente. La relación activos/jubilados en GM, es hoy de 2,5.
La coreana Hyundai ha abierto, recientemente, una fábrica modelo en Alabama. No tendrán, obviamente, ningún pensionista, antes de mucho tiempo. De todas formas, no mantienen ningún plan de jubilación similar a los que conocen los trabajadores de la UAW. Como en la mayoría de las fábricas de grupos extranjeros, los trabajadores de Hyundai están sometidos al fondo de pensión privado 401(k), del mismo tipo que el de los empleados de En-ron. Los patronos de estas fábricas, contribuyen mucho menos a los costes de salud que los Tres Grandes.
Los Tres Grandes habían previsto eso. Hace poco más de 10 años, habían comenzado a subcontratar la produc-ción de repuestos fabricados por trabajadores sindicados, con el fin de hacer bajar los costes salariales en estos sectores externalizados. Pero cuando GM ha subcontratado a Delphi en 1999, debieron ponerse de acuerdo por un período de transición -al menos hasta 2007- durante el que se respetarían las obligaciones incluidas en los anteriores acuerdos.
Delphi, como la mayoría de los proveedores de repuestos, Federal Mogul y Tower Automotive, está próximo a la declaración de quiebra y exige reducciones enormes de salarios y de asignaciones sociales. Estas son malas noti-cias, pero no solamente para los 24.000 sindicados en la UAW (y varios millares en otros sindicatos) de Delphi. Si GM debe garantizar las jubilaciones de Delphi, entonces General Motors podría amenazar con ir hacia la de-claración de quiebra.
"GM está en plena implosión." según Peter Morici, profesor de Economía a la Universidad de Maryland. "La sociedad estaría en quiebra el próximo año si no tuviera tanto fondo de reserva. Es necesario que reduzca sus costes salariales a los niveles de los de Nissan y Toyota en el Sureste de los Estados Unidos.".
Si GM pudiese llevar a la práctica el objetivo de este sabio universitario, ello tendría consecuencias de enverga-dura para millones de otros trabajadores que se beneficiaron de las ventajas salariales y sociales ganadas por la UAW. ¿Estamos condenados?
Las organizaciones sindicales, como bien saben las presentes generaciones de trabajadores activos, están conde-nadas. No cabe duda de que la estrategia de colaboración con el patrono, fielmente seguida por la dirección de la UAW desde hace más de 30 años, estaba condenada desde el principio.
Comenzaron por "devolver" ventajas, en gran medida, resultado de pasadas victorias ganadas por difíciles com-bates en los años 30 y 40. Hicieron concesiones graduales, a lo largo de los años de "colaboración" en el seno de los círculos de calidad, de las experiencias NUMMI y Saturn -algo menos de tiempo de descanso aquí, algo menos de compensación por el coste de la vida allá...-, etc.
Los burócratas locales más hábiles han sobrevivido ofreciendo concesiones variadas, apoyando políticamente las solicitudes patronales de reducciones de impuestos, convenciendo el patrono de cerrar tal otra fábrica con un sin-dicato UAW.
Los responsables de la UAW fueron el mejor ejemplo de burocracia sindical americana. Se mostraron menos ineptos que la mayoría de sus colegas instalados en otras organizaciones, pero finalmente, van a terminar de la misma forma.
Al final de la II Guerra Mundial, los trabajadores de la industria del automóvil, incluida la de los proveedores de repuestos, casi estaban sindicados en un 100 %. En la actualidad, un 40% de los coches fabricados en los Estados Unidos son construidos por trabajadores no sindicados en filiales de fabricantes extranjeros. Delphi tiene más obreros en México que en los Estados Unidos.
La UAW ha fracasado en todas sus tentativas de sindicalización en las fábricas de montaje abiertas de los grupos japoneses, coreanos y alemanes. No han conseguido sindicar a los trabajadores de los fabricantes de repuestos. El círculo de apoyos de la UAW se estrechaba cada día.

Nuestros capitanes juegan a las sillas musicales
Hoy toda la burocracia sindical americana sabe que hay una crisis, al menos en la medida en que los afecta. Me-nos cotizaciones debilitan su seguridad del empleo y les privan de los activos que pueden hacer valer ante los po-líticos.
El año pasado, algunos se comprometieron en un "debate" con respecto al futuro del movimiento obrero. Ha habido incluso, una escisión que a causado la salida de la AFL-CIO, de sindicatos que representaban alrededor de un 40% de los afiliados, para crear a una nueva federación: "Cambiar para Ganar". Pero este debate no ha servido de mucho. La estrategia de colaboración de clases practicada por la burocracia debe ser sustituida por otra cosa, no cortada en pedazos. Si no se hace eso, las organizaciones tradicionales no servirán ya para nada y desaparecerán completamente.
Aunque no existe ninguna razón para esperar de la burocracia sindical actual -al menos como grupo-, que se reforme a sí misma, siempre hay, en mi opinión, una ocasión de reformar las instituciones de nuestros sindicatos.
En primer lugar, deberíamos reconocer que hay algunos pequeños sindicatos que nunca han sucumbido a los cantos de sirenas de la colaboración de clases, como United Electrical, la Asociación de las Enfermeras de Cali-fornia, y la FLOC (trabajadores agrícolas).
Sindicatos combativos, que defiendan los intereses del trabajador contra los patronos son hoy quizá más necesa-rios que nunca. Tales sindicatos, dirigidos democráticamente, movilizando la fuerza de los trabajadores en su empresa, pueden mejorar la vida diaria de los trabajadores.
Pero incluso una dirección capaz y la movilización de los afiliados en la empresa no pueden hacer frente de ma-nera adecuada a los elementos más graves de la crisis de la UAW y otros sindicatos, hoy.
El reto más importante al que se enfrentan todos los sindicatos, y la UAW, aún más que la mayoría, es el coste de la salud. Sólo los sindicatos americanos conocen esta situación.

Nuestro sistema de salud está en fase terminal.
Desde hace mucho tiempo, todos los demás países industrializados tienen una cobertura de salud establecida ba-jo la autoridad del Estado. Bien sea un sistema de medicina de Estado, como en Gran Bretaña e Italia, cajas re-gionales como en Francia y Alemania, o de "contribuyente único" como en Canadá, todo el mundo tiene acceso a cuidados de calidad. Numerosos criterios, como la esperanza de vida, la mortalidad infantil, ponen de manifies-to que la prestación de cuidados es muy superior a la nuestra en todos esos países.
Sin embargo, la parte del PNB dedicada a la salud en Europa y Japón es de un 20 a un 40% menor que la que se gasta en Estados Unidos.
El sector de la salud en los Estados Unidos no es un servicio público, sino un producto, controlado por compañí-as privadas, cuyos costes dependen de las capacidades del mercado. A menos que se esa suficientemente pobre, o suficientemente minusválido para beneficiarse de un tratamiento en algunos de los centros públicos reestructu-rados, es necesario tener un seguro o un contrato privado de seguro de enfermedad para tener acceso a servicios de salud.
Una tal cobertura está casi siempre vinculada al patrono, aunque los patronos no tengan obligación legal de pro-poner un plan, (por otra parte, el 40% de ellos no lo hacen). Millones de trabajadores no pueden permitirse pagar su coste cuando se les propone un seguro y deben pasar de ello. Añadid los trabajadores independientes, que no tienen acceso a las tarifas colectivas, y llegaréis a un total de más de 45 millones de trabajadores americanos sin acceso a cuidados médicos.
La burocracia sindical es responsable de esta situación lamentable. Los planes de seguro privados vinculados al patrono aparecieron durante la segunda Guerra Mundial como una solución para eludir la congelación de los sa-larios durante la guerra. "Asignaciones al margen", como el seguro de salud, fueron considerados por el Gobier-no como excluidos por las dificultades que pesaban sobre los salarios.
Después de la guerra, cuando los partidos obreros en los demás países garantizaban, no solamente los cuidados, sino también las jubilaciones y los permisos retribuidos, por una legislación que amparaba a todos los trabajado-res, los dirigentes de la AFL y del CIO decidieron que tales ventajas debían seguir estando vinculadas a los con-tratos que firmaban con los patronos. Estos dirigentes visionarios pensaban que eso haría a sus sindicatos más seductores. Si los trabajadores querían tales ventajas, entonces podían incorporarse al sindicato.
Para ser competitivo en el mercado laboral, numerosos patronos sin presencia sindical comenzaron a proponer sus propios planes de seguro enfermedad o de jubilación, para que estos planes dejaran de ser instrumentos de sindicalización. Gracias a los burócratas sindicales, los trabajadores que pierden su empleo pierden también su seguro de enfermedad y, a menudo, su jubilación con él. Cada vez que cambian de patrono, deben volver a em-pezar desde cero y reiniciar la acumulación de derechos a los permisos pagados basados en la antigüedad.
Obviamente, estas ventajas tenían siempre un coste para los trabajadores, aunque no se tomaba nada directamen-te de su nómina salarial. Se pagaban de los fondos acumulados por el patrono de una parte, negociada, que habría sido diferida de los salarios.
Los costes de la atención médica y de la salud y las obligaciones crecientes debidas a las pensiones de jubilación crecieron enormemente desde la guerra. El coste de la atención médica en el mercado, no es controlado ni por el patrono ni por el sindicato. No pueden sino negociar la parte que la sociedad aceptará pagar para cubrir este cos-te.
Según el anterior acuerdo, los afiliados a la UAW en General Motors, pagaban colectivamente alrededor de un 7% del coste total de la cobertura de la salud. El nuevo acuerdo urgente prevé 1 dólar más por hora y que todo aumento de salario vaya a financiar el pago de la cobertura de la salud. Por primera vez, la mayoría de los pen-sionistas deberán pagar cotizaciones mensuales para su propia cobertura de salud (UAW debe ir a juicio para te-ner el permiso de llevar a la práctica este plan de "venta" de los jubilados, en la práctica).
Se trata de una transferencia directa de riqueza, en miles de millones de dólares, de los bolsillos de los afiliados a la UAW hacia las arcas de General Motors.
Incluso si esto no es considerado más que como una medida urgente, prevista para no durar por más tiempo que el contrato actual, que expira en septiembre de 2007, GM presiona para que la UAW asuma la responsabilidad de un porcentaje igual al 31% que pagan los asalariados no sindicados.

Un nuevo frente político a abrir en la lucha de clases
Está claro que la única solución aceptable ante la elevación de los costes de la salud, es retirarlo del sector priva-do, rapaz e ineficaz. La salud debe convertirse en un servicio público universal como lo es en todos los demás países civilizados. Para eso, es necesario el poder político.
Un enfoque similar, por lo que se refiere a las jubilaciones debería ser evidente. Igualmente fueron reducidas las asignaciones fijas y, los planes de jubilación privados han sido reducidos en las grandes sociedades como Enron, World Com..., en las compañías aéreas, en el sector del acero, en la minería... Numerosos planes en quiebra en sociedades más pequeñas, no producen grandes titulares.
En la actualidad, el "peso de la herencia", las recompensas prometidas a centenares de miles de pensionistas cu-yas décadas de trabajo beneficiaron anteriormente a sus patronos, son afectados en los Tres Grandes y sus sub-contratistas. Si estas obligaciones, antaño grabadas en la roca, cogen el menor resfriado, podría esperarse una epidemia que debilitará toda la estructura nacional de los fondos de jubilación privados.
Puesto que no hay medio de proteger de la quiebra, nuestros acuerdos negociados sobre las jubilaciones, debe-mos una vez más recurrir al legislador. En vez de reducir las magras cotizaciones a la Seguridad Social debemos aumentarlas de forma notoria. La sociedad debería retomar los haberes y las obligaciones de cada plan de jubila-ción, antes de que sean insolventes, e integrarlos en una Seguridad Social reforzada.
¿Y el gran reto medioambiental de la industria del automóvil? ¿Y tantos otros? Intentando torpemente preservar los empleos, son muchos los que, en las burocracias de la AFL-CIO y de "Cambiar para Ganar", se han com-prometido a colaborar con los patronos, para reducir las garantías medioambientales, para fomentar la extensión urbana y las autopistas, para apoyar las perforaciones de petróleo y gas en las frágiles aguas del Ártico y de las costas.


Una nueva quiebra
Este es otro fuerte argumento para calificar todo eso de quiebra: la quiebra total de las ideas, de la imaginación y de la integridad entre los que se hacen pasar por "dirigentes sindicales". A pesar de algunas excepciones honora-bles, los responsables sindicales se convirtieron en tan cínicos e interesados por los beneficios a corto plazo, co-mo los patronos contaminadores, e igualmente dispuestos a ignorar las consecuencias desastrosas de los proyec-tos de hoy para las generaciones que están por llegar.
Los afiliados no tienen ninguna preocupación por la destrucción irreversible de nuestro medio ambiente. Eso no vale los escasos empleos temporales que se nos proponen. En su lugar, necesitamos empleos correctos que apor-tan algo a la sociedad.
Durante la segunda Guerra Mundial, la industria automobilística americana se volvió hacia el esfuerzo de guerra. Todo eso fue pagado por los contribuyentes. El Gobierno planeó toda la producción desde los grandes proyectos hasta los problemas logísticos más a ras de tierra. Y eso fue muy bien.
¿Por qué no adoptar un enfoque similar para modificar la industria en interés de nuestro planeta? En vez de 4x4, ¿Por qué los afiliados a la UAW no podrían producir lo que permitiera una renovación masiva de los medios de transporte públicos?
Tal enfoque está obviamente fuera del alcance de la negociación colectiva tradicional. Para eso también, es nece-sario el poder político.

Es necesario un partido obrero
Pero se trata de una clase de política totalmente diferente de la que hemos conocido siempre. Mientras que, en todos los demás países industrializados, los movimientos obreros han forjado, todos ellos, al menos un partido de masas, aquí, las direcciones, la burocracia sindical tradicional, fue hostil o temerosa de tal idea.
Al igual que intentan ser colaboradores responsables con el patrono en la empresa, los dirigentes intentan tam-bién ser amigos de los políticos al servicio de los patronos. Su idea de la acción política se reduce a garantizar a los políticos su apoyo para proyectos de repercusión local y a pedirles el derecho a hacer adherir a trabajadores del sector público. Durante la época de elecciones de 2004, los sindicatos gastaron 400 millones de dólares para promover a sus "amigos" y, nunca durante la historia, su influencia política ha sido tan débil.
Durante el reciente "debate" entre los que dirigen nuestros sindicatos, la salud, las jubilaciones, el medio am-biente, han sido apenas mencionados (eso incluye a la dirección de la UAW, que está reputada de apoyar un pro-yecto de seguridad social por distribución). Lo único sobre lo que no estaban de acuerdo, era el saber cuánto era necesario gastar para los "amigos" del mundo del trabajo y, en si se daba suficiente atención a nuestros nuevos amigos potenciales entre los Republicanos.
Los consejeros de la "oposición" demócrata les ponen en guardia contra el hecho de parecer demasiado a la iz-quierda. Convencidos de que los que componen la base histórica del partido en los sindicatos y en los movimien-tos cívicos y feministas son demasiado estúpidos o demasiado tímidos para marcharse algún día, los Demócratas siguen reduciendo las diferencias con los Republicanos. Con gran perjuicio del movimiento antiaborto, los De-mócratas pensaban que el nuevo Ministro de Justicia era un muchacho válido, realmente, es la extrema derecha del Partido la que protesta contra su nombramiento (y no nuestros amigos). Y por supuesto, están los 15 que vo-taron el acuerdo de libre comercio CAFTA, estos Demócratas que aceptaron el dinero de los sindicatos, luego han ayudado a Bush a tener su flamante herramienta para mundializar.
Pagamos el altísimo precio de no haber creado un partido nuestro. Mientras los patronos tengan el derecho a mandar de manera incontestada en Washington, en las capitales de Estado, en los ayuntamientos, la clase obrera estará condenada a sufrir derrota tras derrota. Para completar y reforzar el poder de nuestros sindicatos en la em-presa, necesitamos un partido nuestro que lleve una actividad política coherente en nombre de nuestra clase. En una palabra, necesitamos un partido obrero.
Hay realmente un proyecto existente, denominado apropiadamente el Labor Party. Lanzado por militantes que comprendieron la naturaleza de la lucha de clase, como Tony Mazzocchi, que aportó el apoyo nada desdeñable del OCAW, el sindicato de los trabajadores de las industrias del petróleo, de la química y de la energía nuclear, también atrajo el apoyo de esos sindicatos que habían resistido a las sirenas de la colaboración, como la UE, las Enfermeras de California, el FLOC, y de otros que están en ruptura con los Demócratas como el BMWE, el Sin-dicato de los Empleados del Servicio de Vías y Obras.
El Labor Party tuvo un arranque espectacular a mediados de los años 90. Cada uno de sus dos primeros congre-sos, atrajo a 1.400 participantes. Adoptó un excelente programa, y ha desarrollado propuestas detalladas para un programa de Salud Pública.
Desgraciadamente, el apoyo sindical se ha debilitado, menos por razones políticas, que debido a reorganizacio-nes en la estructura de los sindicatos. OCAW se fusionó con el sindicato del papel para formar PACE y mientras que el nuevo sindicato seguía estando afiliado al Labor Party, su compromiso y su financiación se reducían es-pectacularmente.
Gerry Zero, un entusiasta partidario del Labor Party, en la segunda sección más grande del sindicato de los Teamsters perdió su mandato, lo que debilitó el apoyo allí también. El BMWE se fusionó con Teamsters y no se fijaron los términos de su futura relación con el Labor Party. Luego, poco tiempo después el III Congreso del partido, Tony Mazzocchi fue víctima de un cáncer, él que tenía un papel indispensable en la construcción de este proyecto.
A estos problemas, se sumó la devoción sin límites a la línea del "cualquiera excepto Bush" que abocó al fracaso en las presidenciales de 2004. Lo que fue seguido del gran "no debate" y la escisión sin principio, en la AFL-CIO. Todo eso explica que el Labor Party permanezca inmóvil desde hace algunos años.
En mi opinión, no se pueden esperar progresos para la clase obrera a menos de sacar a flote la construcción del Labor Party. Quiero decir que se trata de hacer algo más que encontrar afiliaciones sindicales suplementarias o hacer adherirse a miembros individualmente, aunque eso sea absolutamente necesario.
Necesitamos campañas visibles del Labor Party, que sean de carácter electoral, ligadas a cuestiones precisas, o a cuestiones de solidaridad, que deben ser asumidas no solamente por los afiliados de base, sino por la mayoría no sindicada en la clase obrera. Debemos utilizar estas campañas para no simplemente ejercer presión, protestar, o mendigar, sino para construir una verdadera oposición a los partidos gemelos de la patronal, una oposición con un programa obrero claro cuyo objetivo es tomar el poder, no menos.


El grupo New directions del Sindicato del Automóvil UAW
da su posición sobre el acuerdo en General Motors

La colaboración entre la UAW y General Motors, que dura desde hace 20 años, es bien conocida. Aunque no sea más que raramente sometida a debates públicos, encontramos sus rastros por todas partes. Un excelente ejemplo es el "acuerdo experimental" que obligaría a los pensionistas a asumir una parte más importante de sus gastos de salud y a los activos a pagarse el resto de la suma total.
El proyecto de colaboración actual comenzó en abril de 2005.
Ron Gettelfinger, el Secretario General de la UAW, había garantizado a los obreros impacientes y encolerizados que no renegociaría el aspecto de salud del contrato de trabajo y que General Motors no podía volver de nuevo sobre los subsidios de los pensionistas actuales de manera unilateral. Había prometido mantenerse dentro de los límites del contrato. Luego participó en reuniones secretas con Delphi, con otros proveedores importantes y con los Tres Grandes. Después de haber consultado a analistas financieros de Wall Street, Gettelfinger, en realidad, ha sometido el contrato a renegociación, lo que ha permitido así a General Motors modificar el régimen del segu-ro de enfermedad de los pensionistas actuales. Lo que General Motors no podía hacer de manera legal, Gettelfin-ger lo ha hecho en su lugar.
Como miembros de la UAW, activos y jubilados, esta última consecuencia de esta forma de coopera-ción/cogestión sindical nos lleva, una vez más, sobre la resbaladiza pendiente de los retrocesos injustificados. ¿Quién puede creer que es la última vez que eso se va a producir y que no volverán a la carga? En nuestro nom-bre y en nombre de todos los asalariados americanos, los miembros de la UAW deberían rechazar este ataque contra los derechos, costosamente conquistados, de los pensionistas.

Nota: Para más información, consultar el "sitio" Internet del Movimiento por Nuevas Orientaciones de la UAW
www.uawndm.org.


El futuro de la clase obrera:
tres piedras angulares por Robin David

[Nota: Robin Davis es un antiguo obrero jubilado y delegado sindical de la sección 1245 del sindicato IBEW. Fue uno de los principales organizadores de la coalición que combatían por la municipalización de la electrici-dad en San Francisco y Brisbane - Labor Task Force for Public Power in San Francisco].

No podemos sino ver con buen ojo el hecho de que la necesidad de actuar para frenar la dramática decadencia del movimiento obrero americano, se impone finalmente a una franja de los dirigentes de la AFL-CIO. Para la mayoría de simples afiliados, eso hace por lo menos legítimo, el debate sobre la forma de retomar las cosas en mano y de parar la verdadera caída libre que sufre nuestro movimiento.
Los militantes obreros que escriben en Labor Notes y a otras publicaciones ya destacaron la validez de las críti-cas de la coalición "Cambiar para Ganar", sobre la ausencia de voluntad de la dirección de la AFL-CIO para desarrollar el sindicato. Se ha establecido también que, "Cambiar para Ganar" tenía métodos autocráticos, una concepción del sindicato donde todo va de la cumbre hacia la base y todo tipo de gente se pregunta si el llama-miento para desarrollarse no es una tentativa, simplemente, para apoderarse de las organizaciones.
Eso viene inmediatamente a la mente cuando se menciona el nombre de James Hoffa. No es sorprendente que los dirigentes de uno y otro borde, se nieguen incluso a mencionar los tres factores esenciales para el renacimiento del movimiento obrero: la democracia interna, la independencia frente a los partidos políticos y el hecho de que el movimiento sindical esté a la cabeza de todos los trabajadores. Estos tres factores minarían su influencia sobre los distintos sindicatos.
La escisión causó muchas inquietudes y debates dentro del movimiento obrero.
Desgraciadamente, estos debates tienden a limitarse a la búsqueda de desacuerdos "reales", a intentar elegir uno de los dos lados y evaluar los daños en términos de unidad y solidaridad en el movimiento obrero. Resumida-mente, los militantes sindicales y los que quieren reformar el sindicato, tienen tendencia a dejarse encerrar en el marco de los debates establecidos por los dirigentes.
En vez de eso, los que, de entre nosotros, pretenden desde hace tiempo transformar profundamente el curso del sindicalismo deberían ver que esta escisión hace que, repentinamente, una proporción mucho mayor de afiliados de base se siente íntimamente concernida por el futuro del movimiento obrero. Eso hace también legítimo el de-bate sobre muchos puntos que planteamos desde hace largo tiempo. Debemos separarnos de las dos facciones de dirigentes fracasados y concebir nuestro propio método de reconstrucción, basado en las tres piedras angulares citadas más arriba.

La democracia interna.
A menudo, oímos a los permanentes y a los delegados sindicales, reclamar que los afiliados se comprometan aún más, pero esa es una concepción autocrática. Por nuestra parte, nosotros, que estamos en las centrales nucleares, en las fábricas o alrededor de la máquina de café y que hemos intentado militar, no sabemos mucho más que, son los estatutos, los miembros del comité y el peso de las tradiciones sindicales, lo que nos lleva a la divergencia. No es, en absoluto sorprendente, que los dirigentes actuales tengan más miedo de la democracia interna que de la desaparición de organizaciones que los alimentan. Es una simplificación quizá excesiva pero, la primera cuestión que los afiliados plantearán en un debate realmente abierto, es "¿Quiénes son responsables de este caos y qué hacer para echarlos?"
El combate por la democracia interna es y será la clave de la regeneración del movimiento obrero, empezando por la elección mediante sufragio directo de los delegados a los congresos y a los miembros de la dirección. En mi sindicato, el IBEW, ni siquiera se elige a los delegados sindicales. Lo que quizá es aún más importante, no es tanto el propio convenio, como el derecho a votar sobre todo lo que se refiere al convenio.
Del mismo modo, en mi sección, se sabía que la dirección tenía siempre una carta de acuerdo -de la que nunca habíamos oído hablar-, dispuesta para ponérnosla delante de las narices, sin que se hubiera puesto a votación. La reforma de los estatutos, elecciones transparentes, sin fraude, todo eso también es primordial para establecer la democracia en los sindicatos.

La independencia respecto a los partidos.
La independencia respecto a los partidos políticos y el hecho de que el movimiento sindical esté a la cabeza de todos los trabajadores son cuestiones que no se pueden disociar una de otra.
Desde hace algunos años, se oyen llamadas cada vez más abiertas a la colaboración con la patronal. Andy Stern del SEIU (sindicato de los asalariados de los servicios) y James Hoffa Jr. son a los que más se les oye, pero todos hemos oído hacerlo, a dirigentes de los dos lados de la escisión. Y si, en adelante quieren establecer una "colabo-ración" con los patronos, hace mucho tiempo que están en colaboración con uno de los patronos de los dos parti-dos políticos: el de los Demócratas.
Como sabemos demasiado bien, los amigos de la clase obrera sólo lo son hasta que han sido elegidos. Por lo que se refiere al último período, basta, para convencerse, mencionar el sistema por distribución, la reforma de la Se-guridad Social, el TLC y ahora el CAFTA, la guerra en Iraq y la ley antiterrorista. Con respecto a la ley de re-forma de las quiebras, todos esperamos con impaciencia que los Demócratas organicen una campaña para que el Capítulo 11 no pueda utilizarse, para reducir a nada los acuerdos de empresa y para la defensa de nuestras jubila-ciones.
Se cita siempre el pragmatismo como razón de no romper con los Demócratas, pero un pragmático -habida cuenta del inexorable deslizamiento a la derecha desde la ocasión en que Truman firmó un acuerdo con Taft Har-tley-, no puede sino plantearse cuestiones en cuanto al pragmatismo de la estrategia política de los dirigentes del movimiento obrero. Muchos dirigentes sindicales están de acuerdo en romper. El problema es que, nunca es el momento. ¿Dónde estaríamos si lo hubiéramos hecho hace ya mucho tiempo y dónde estaremos pronto, si no se hace inmediatamente?
El papel de los dirigentes sobre estas cuestiones rompe realmente con la forma en que se implicó el movimiento obrero durante la última importante escisión en el sindicalismo, durante la llegada del CIO. El CIO combatía no solamente sobre la cuestión de la representación de los sindicatos (por más que eso, en la época, era revoluciona-rio), sino también por las ayudas a los parados y su reempleo, la seguridad social, el pago de las horas extraordi-narias y todo lo que nos recuerda hoy la red de seguridad de las garantías sociales, que muchos atribuyen a Roo-sevelt.
Mientras que el CIO conocía un extraordinario desarrollo, precisamente porque defendía a toda la clase obrera, los dirigentes actuales, con su aceptación del sistema de dos velocidades (de los derechos diferentes según que se esté afiliado o no), se niegan, a menudo, a luchar por los que estarían dispuestos a unirse a sus organizaciones.
Esta incapacidad para dirigir un movimiento social que defienda a toda la clase obrera, tiene un vínculo directo con la colaboración con la empresa y el partido de los patronos. Para mí, el ejemplo más sorprendente, última-mente, es el vuelco de los sindicatos, en particular en la región del Medio Oeste: dejaron de defender el sistema por distribución de la Seguridad Social, con ocasión de la primera campaña para las presidenciales de Clinton, mientras que la masa estaba a favor. No aceptaban nada que pudiera cuestionar la reforma del sistema de salud, completamente inaplicable, predicada por Clinton.
La colaboración con instituciones que viven del seguro de enfermedad, como el SEIU (Sindicato de los Trabaja-dores de los Servicios) y Kaiser, tampoco induce a llevar una campaña en favor del sistema por distribución. No obstante, la lista de las cuestiones en que los dirigentes sindicales decidieron apoyar el partido Demócrata en de-trimento de los intereses de los afiliados y de la clase obrera en su conjunto, es larga e incluye al TLC. Nos co-rresponde a cada uno de entre nosotros, decidir cuál de sus elementos constituye la peor traición.

El futuro del movimiento obrero y el CIO.
Es reconfortante ver que Andy Stern no se a sí mismo por John L. Lewis y que hace muy pocas referencias al CIO. Sin embargo -y en particular para los que, de entre nosotros, consideramos el período Lewis como el apo-geo del movimiento obrero-, vale la pena comparar los dos períodos.
Por supuesto, la mayor diferencia, es la crisis de 1929 y sus desastrosas consecuencias. La sindicalización no se derivaba tanto de una estructura como de la desesperación. Los obreros de entonces, estaban mucho más cerca de no tener ya nada que perder, que un sindicado de hoy que debe pagar los contratos e intereses de su tarjeta de crédito, rembolsar créditos al consumidor, invertir en su fondo de pensión privado y que intenta hacer horas ex-traordinarias.
Los dirigentes que se escindieron de la AFL para constituir el CIO no se preocupaban más de la democracia obrera que los que permanecieron en la AFL o que, por otra parte, Andy Stern et James Hoffa. Era de pública notoriedad que, Lewis el dirigente más importante y el más carismático del CIO, tenía un escuadrón de esbirros que patrullaban los congresos de la UMW y arrollaban a golpes a cualquiera que expresara una opinión contra-ria, antes de ponerlo literalmente fuera.
Dicho esto, la lucha por la democracia interna debe ser la base de toda tentativa de volver a dar auge al movi-miento obrero. Es necesario también tener en cuenta que, en los años treinta, la democracia se derivaba del "afán personal de los miembros" o más concretamente, de la tentativa desesperada de luchar por un mundo mejor, más bien que al contrario.
La democracia, no era en primer lugar y sobre todo, una estructura impuesta por los dirigentes. Al contrario, formaba parte de la dinámica de grupos en que, obreros, que a menudo aún no se sindicaban, se agrupaban en Comités encargados de la organización de la lucha, en Comités de negociación y en Comités de huelga y que lla-maban a la huelga, a menudo sin la autorización de nadie ni sin ser sancionados.
Es necesario también destacar que, en cada gran lucha -San Fancisco, Minneapolis, Toledo y Flint, por no citar más que algunas-, se encontraban en número significativo Comunistas, Socialistas, Trotskistas, Mustistas y toda clase de agitadores que tenían su papel en la organización de estructuras democráticas y en el desarrollo de estrategias inflexibles que, a menudo, estaban en contradicción total con lo que venía de la cúpula y ellos eran más numerosos, más decididos y mucho mejor organizados que los sindicalistas actuales.
Este abanico de militantes de izquierda llegaba, frecuentemente, a hacer aplicar la democracia, porque se basa-ban en la desesperación de las masas y la organizaban.
Dejar a los fracasados dirigentes -de los dos lados-, establecer el marco de debate del futuro del sindicalismo, es volver a poner nuestro movimiento en sus manos. Para los que de entre nosotros, quieren regenerar y recons-truir el sindicalismo, debemos, no sólo cambiar de dirigentes, sino que debemos también rechazar la "colabora-ción" con los patronos, con los partidos burgueses y con las políticas del gobierno respaldado por los patronos.
Es sirviéndose de las tres piedras angulares de la acción política obrera independiente, haciendo reformas demo-cráticas internas y considerando que los sindicatos deben luchar por el conjunto de la clase obrera, como encon-traremos una orientación justa.


UN FORO SOBRE UNA POLÍTICA
OBRERA INDEPENDIENTE
ORGANIZADO EN NUEVA YORK POR
UNIDAD E INDEPENDENCIA

[Nota: El 21 de octubre, más de 40 sindicalistas y militantes obreros se reunieron en los locales de la sección 1180 del sindicato CWA en Nueva York para discutir sobre el futuro del movimiento obrero y sobre la lucha pa-ra la acción política independiente. la reunión estuvo presidida por el co-redactor del boletín de información de UNIDAD e INDEPENDENCIA, Ed Rosario, responsable sindical que representa a la sección 1 de l'Amalgama-ted Lithographers of America-IBT, el Sindicato de los Tipógrafos. Publicamos breves extractos de tres de las in-tervenciones. - Sara Burke]

Nancy Romer, miembro del Consejo Ejecutivo del PSC, Sindicato del Personal Docente de la Universidad de la Ciudad de Nueva York - AFT 2334; Presidenta del Comité "Paz y Justicia" del PSC
La escisión de la AFL-CIO suscita una oportunidad para reflexionar sobre a dónde va el movimiento obrero. No quiero ser pesimista. La división refleja una frustración profunda después de años de inacción. La solución de Andy Stern, consiste en cambiar la estructura sin considerar porqué las tácticas no han funcionado anteriormente.
Además, el servilismo respecto a los demócratas y/o a los republicanos no es una solución. Eso corresponde al programa de la clase dirigente -el despedazamiento de la red de protección social, la invasión de Iraq, el aban-dono a las personas y a las infraestructuras...-. Y las cosas van, todavía, a empeorar mucho.
La actividad y el discurso sindical parecen privados de sentido a la mayoría de los trabajadores porque no les di-cen nada. El papel de los sindicatos debe ser ofrecer un análisis y una perspectiva de cambio, un medio de ins-taurar un mínimo de dignidad humana.
Nuestra numerosa mano de obra inmigrada nos da una vista privilegiada sobre la forma en que los inmigrantes ven las barreras reales que se levantan contra ellos, empeorando la vida de los trabajadores cada año.
El movimiento obrero debe alinearse con los movimientos sociales, los movimientos contra el racismo, contra el sexismo y en defensa de los derechos de los inmigrados.
Debemos responder a la aspiración de los trabajadores que debe vivirse en una sociedad digna. Los sindicatos deben convertirse en organizaciones de solidaridad.
En el plano electoral, no estoy satisfecha de los partidos que existen fuera de los dos grandes partidos y no soy contraria a que se apoye a los demócratas de manera limitada hasta que construyamos un tercer partido viable.
Pero para construir este partido viable, debemos comenzar a nivel local. No pienso que, actualmente, sea útil promover a nadie como candidato independiente a un puesto nacional.
Debemos construir en primer lugar, localmente. Debemos implicar a la base.

Chris Silvera, Secretario General adjunto de la sección 808 del sindicato de los Teamsters (Sindicato de los Camioneros); Presidente del Comité Nacional Negro de los Teamsters.
Nuestro movimiento sindical está formado por sindicatos de colaboración de clases con una dependencia excesi-va frente al partido Demócrata. Y, sí, es cierto, los dos partidos conspiran contra la clase obrera. Clinton era un lobo disfrazado en oveja. Al menos Bush es un lobo que no se camufla esconde oculta.
Pero si queremos construir un partido de los trabajadores, debemos aceptar tener desacuerdos sobre muchas cuestiones importantes.
No hay cincuenta puntos sobre los cuales sabríamos ponernos todos de acuerdo. Pero tenemos diez. Si añadimos el control de las armas o el aborto, será la división.
Debemos abordar esta escisión en el movimiento obrero no para saber de qué lado se está, sino a partir de los puntos que tenemos en común.
Debemos estar contra la ley Taft-Hartley y las leyes antisindicales y encontrar formas de trabajar unidos.
Debemos dar una orientación al movimiento. Estamos en condiciones de hacer salir a la calle, a entre uno y dos millones de personas. Deberíamos hacer lo que hacen los trabajadores en Francia, cuando hacen huelgas genera-les masivas. Junto con los trabajadores o contra los trabajadores: ésa es la elección.

Mark Dudzic, responsable sindical nacional, miembro del Labor Party; antiguo responsable del Sindicato del Petróleo, Química y Energía Nuclear de New Jersey
¿Alguien se da cuenta de la importancia del año 1973? Era el punto culminante para los salarios, el punto a partir del cual las cosas comenzaron a ir mal para los trabajadores. Hace 28 años que Doug Frasier, de la UAW hizo un discurso que denunciaba la lucha de clases en América. Hace 25 años que hubo PATCO, y que no nos movimos, eso fue lo que abrió la vía a la lluvia de golpes contra los sindicatos.
Hace diez años que el TLC y la reforma de la seguridad social pasaron. Todo el mundo se da cuenta de la crisis en la que nos encontramos, pero todo eso corre el peligro de oscilar. El movimiento obrero podría no sobrevivir al paso del siglo, en el sector privado (y quizá bien también en el sector público).
Es fácil ser cínico respecto al movimiento sindical.
No tomaré partido excepto sobre una cuestión: la cuestión política.
La forma en que los trabajadores ven nuestra política se deteriora. Nadie propone perspectiva sobre lo que debe hacerse por los trabajadores para obtener el poder.
Piensan que todo consiste en encontrar cómo bombear dinero en un sistema bipartito en quiebra.
El Labor Party se basó en la idea de que nosotros necesitamos un partido. Nos agrupamos en una época diferen-te, al final de los años 90. La reforma de la seguridad social, el TLC, las políticas neoliberales. La gente com-prendió que era necesario crear una alternativa. El movimiento sindical se despertaba en ese momento, ganaba algunas huelgas, preveía afiliar a un millón de trabajadores al año.
Hacia mediados de los años noventa hubo un aumento de optimismo que condujo a la formación del Labor Party. Este aumento no desembocó en la formación de un partido de masas porque, finalmente estaba basado en un movimiento en contracción y esencialmente en retirada. Cometimos errores en la construcción del partido, pero la razón fundamental por la que no tenemos un Labor Party en Estados Unidos, es el hecho de que el movimiento obrero no abordó esta cuestión fundamental.
¿Qué hacer, pues? Pienso que hay cinco cosas que podemos hacer:
1. Desplazar recursos hacia una política independiente. Un 10% de los 500 millones de dólares gastados en la campaña perdida de Kerry podrían financiar ya este proyecto.
2. Debemos desarrollar campañas ofensivas para el cambio más bien que campañas defensivas. Hemos hecho fracasar la "reforma" de la seguridad social, pero: ¡¿Quién habría pensado que en el siglo XXI tendríamos que gastar para ello todo nuestro capital político?! Llevamos una batalla defensiva. Necesitamos una campaña real para un seguro de enfermedad universal en vez de combatir reducciones sucesivas en la asistencia sanitaria.
3. Debemos encontrar ocasiones de desarrollar programas piloto, como el de Carolina del Sur donde una sección de la ILA presentará a un candidato independiente a unas elecciones. En algunos lugares, hay oportunidades de comprometerse en una política electoral independiente eficaz sin jugar al agua-fiestas. Es necesario que haya una reforma electoral para abrir el sistema. Además debemos evaluar la historia de siete años del Partido de las Fami-lias Trabajadoras. ¿Sirvió a los intereses de una política independiente?
4. Debemos reconquistar la política para nuestros afiliados ya que piensan que la política es una estafa. Hay me-dio de convencer a un 60% de ellos, de votar el día de las elecciones, tapándose la nariz, pero es necesario que movilicemos y eduquemos a nuestros adherentes.
5. Debemos volver a actuar como un movimiento social. Debemos hablar en nombre de TODOS los trabajado-res, no solamente de los afiliados de CTW o de la AFL-CIO.
He aquí cinco cosas que podemos hacer. El pueblo americano está harto de guerra, harto de la cruel negligencia que reveló el huracán Katrina.
Los movimientos desde la base están en crecimiento. Por ejemplo, en California las enfermeras combaten a Schwarzenegger. Eso se impulsó desde la base y no está controlado por los Demócratas. Los trabajadores lo des-enmascararon. El problema es que no hay partido de oposición que pueda ir más lejos.
Nuestra tarea es construir este partido.


Extractos del periódico Labor Party News

[Nota: Publicamos extractos de dos artículos que se han aparecido en los números de septiembre y octubre de 2005 de Labor Party News, la publicación mensual del Labor Party. Las ediciones completas de Labor Party News pueden consultarse en el sitio web del Labor Party, www.thelaborparty.org.]

Baldemar Velasquez, Presidente del FLOC (Comité de Organización Sindical de los Trabajado-res Agrícolas) habla del futuro del movimiento obrero
No estoy seguro de que las propuestas de un grupo o del otro cambiarán radicalmente grande cosa. Las señales eran visibles desde hace años, y la gente discute siempre de cambios cosméticos...
Nadie discute de cómo construir un movimiento sindical realmente internacional. No hablo simplemente de "so-lidaridad" o de "ayuda" hablo de encontrar los medios de crear sindicatos internacionales en condiciones de ope-rar con métodos que reflejen la integración de la economía mundial.
La verdadera tragedia es que los sindicatos americanos ni siquiera están en condiciones de coordinar sus activi-dades en una misma ciudad mientras que la gente que se opone a ellos coordina sus operaciones y enfrentan a los trabajadores unos contra otros en decenas de países al mismo tiempo.
Nada cambiará realmente, mientras que los sindicatos no hayan comprendido la fuerza de la mundialización por-tadora de subcontratación, privatización y ofensiva antisindical en cada país del mundo. Nuestra política debe basarse en esta comprensión.
Es mucho más importante invertir en nuestro futuro y construir las alianzas estratégicas que nos permitirán en-frentarnos a las empresas a escala internacional que preocuparse de quién ganará las próximas elecciones.
Los sindicatos no pueden ser dirigidos como empresas. Realmente me irrito, cuando los líderes sindicales co-mienzan a discutir de densidades y cuotas de mercado. [El FLOC] nunca habríamos ganado la campaña de Mt. Olive si pensáramos así. Una vez que un sindicato comienza una batalla, no puede ya abandonarla. Nuestra pro-pia existencia depende de la confianza y el respeto de los que afirmamos representar. Perdido esto, no queda na-da.

"Es hora de mojarse": una encuesta del Labor Party entre sus miembros, sobre campañas políti-cas independientes
Los miembros del Labor Party respondieron con entusiasmo a la encuesta "¿Qué piensas sobre esto?" realizada este verano. La encuesta pretendía establecer el dictamen de nuestros afiliados sobre temas muy variados así co-mo recoger características demográficas.
Sobre la estrategia electoral del Labor Party, más del 65% de los que respondieron estaba parcial o enteramente de acuerdo en que nosotros deberíamos "mojarnos en la arena electoral" o incluso que deberíamos "presentar candidatos independientemente de las consecuencias". Un 22,6% de los encuestados siguen pensando que no es necesario presentar a candidato para "hacer de agua-fiestas".
He aquí una respuesta típica: "Apoyé al Labor Party durante numerosos años y pienso que están en la buena vía. No veo ninguna otra alternativa para los trabajadores. Puedo equivocarme, pero creo que deberíamos presen-tar un candidato. Puedo equivocarme, pero pienso que es necesario aumentar el juego.".
Muchos miembros se declararon decepcionados del ritmo de crecimiento del Labor Party. Pero una mayoría aplastante ve este esfuerzo como demasiado importante para dejarle caer.

"El trabajo más enriquecedor que hice y las experiencias más ricas que tuve durante los diez últimos años estu-vieron vinculados al esfuerzo de construcción del Labor Party.". Otro adherente nos escribe: "La fuerza del La-bor Party reside en su plataforma, su preparación para tomar las riendas del poder y su experiencia de organi-zación de la gente. Su futuro se sitúa con los millares que son arrojados fuera del sistema económico.".


El 15 de octubre Sindicalistas Negros,
han tomado la palabra en la
"Marcha del Millón y más" en Washington

[Nota: El 15 de octubre, una muchedumbre considerada entre 600 000 y 700 000 personas se reunieron en Washington en la Marcha del Millón y más (MMM) en respuesta a convocatoria de la Nación del Islam de Louis Farrakhan. Constituido como un amplio "frente único" de trabajadores negros, el MMM agrupó a un amplio abanico de oradores, incluidos tres sindicalistas negros que presentaron a la multitud una perspectiva sindical. He aquí amplios extractos de estas tres intervenciones.]

Patricia Ann Ford, representando al Consejo Sindical de la ciudad de Wasington DC.
En nombre de mi Presidenta, Joselyn Williams, os aporto el apoyo fraternal de la Unión Local de la AFL-CIO de Washington. Y más aún, voy a comunicaros mis sentimientos. Y voy a citar a una de nuestras compañeras más famosas del movimiento de los derechos cívicos, Fannie Lou Hamer: "¡Ya estoy más que harta de esa gente que intenta deciros que son vuestros dirigentes!".
Estoy harta de los que intentan romper el movimiento sindical, mientras que nosotros, hicimos más, para sacar a la gente de la miseria, que cualquiera desde la Colina del Capitolio y la Casa Blanca. Estoy harta del racismo en este país.
América se encontró completamente desnuda con Katrina. Ahora lo sabemos, el mundo entero lo sabe. No debe-ríamos, pues, hablar más de globalización desde un punto de vista económico, deberíamos hablar desde un punto de vista de comunidad.
Agrupémonos con nuestros hermanos y nuestras hermanas del mundo entero, y agrupémonos aquí y actuemos como si fuera nuestro país y reivindiquemos lo que queremos y vayamos a decirles quién va a hablar en nuestro nombre, y que no van a ser ellos quienes nos dicen cuando, cómo y quién tiene el derecho a hablar.
Chris Silvera, Presidente de la Comisión Nacional Negra del Sindicato de Transportes (TNBC)
Estamos aquí en nombre del movimiento sindical. Un 95% de los negros son trabajadores. De ese 95 %, un 30% son afiliados del movimiento sindical organizado. Estoy aquí esta tarde, con mi compañero Clarence Thomas de la sección local 10 de la ILWU, y represento aquí al sindicato de los Camioneros. Os quiero traer mi fraternal sa-ludo a todos los trabajadores aquí presentes. Nosotros hemos hecho un llamamiento para un movimiento sindical más militante.
El movimiento sindical ha aportado más poder a los obreros, nos aportó la jornada de ocho horas, los permisos pagados, las jubilaciones y la derogación de las leyes sobre el trabajo infantil en este país. Hoy nos movilizamos en nuestro propio nombre, y es como sindicalistas negros que nosotros hemos hecho el llamamiento para galva-nizar, para proteger los acervos del sindicalismo.
Nosotros también os convocamos a la defensa de la ley Davis-Bacon [Normativa Federal por la que se fija el tipo del salario mínimo en varios sectores de actividad incluidos la construcción y las obras públicas - NDLT], para defender las leyes vigentes sobre los salarios para la reconstrucción de la Región del Golfo de México. Exigimos un salario digno para todos los trabajadores, exigimos los servicios de salud para todos, exigimos el manteni-miento de todos los planes de jubilación con varios patronos, formulamos la exigencia de la derogación inmedia-ta de la ley antisindical Taft-Hartley, formulamos la exigencia del derecho de huelga sin ser sustituidos.
Tales son las reivindicaciones de los trabajadores. Son reivindicaciones inmediatas, podemos arrancarlas ahora. Debemos movilizarnos, debemos manifestarnos, debemos bloquear toda la región del Golfo de México para ga-rantizar que los trabajadores no trabajarán por salarios de miseria.

Clarence Thomas, Co-presidente del Movimiento de la Marcha del Millón de Trabajadores, miembro del Comité Ejecutivo de la Sección Local 10 del ILWU.
Es un momento determinante, no solamente para el movimiento sindical, sino para todos nosotros. Es el momen-to de forjar nuevas alianzas. Los trabajadores tienen que hablar en su propio nombre. Es el momento para forjar-nos nuevas alianzas. Es necesario que haya una alianza más fuerte entre el sindicalismo organizado, los trabaja-dores no organizados, entre las comunidades religiosas, los progresistas.
Debemos tomar posición, inmediatamente, por lo que se refiere a lo que está pasando en el Golfo de México. Debemos pronunciarnos movilizándonos con la gente de la región y decir que los salarios se mantendrán en su nivel debido, que existirá el derecho al retorno para los que viven en la región del Golfo.
Incluso si debemos vivir un acontecimiento especialmente importante, y es el caso, tenemos que comprender que debemos constituir un movimiento. Debemos comenzar a constituir un frente único, agruparnos sobre temas de interés común, dejar de de lado nuestras diferencias. Porque no tenemos mucho tiempo para hacer lo que es ne-cesario. Y os lo digo ahora: ¡Agarrad el tiempo, Agarrad el momento! ¡Viva el Movimiento del Millón y más! ¡Viva el espíritu de la Marcha del Millón de Trabajadores!


Declaración de apoyo a las propuestas del SOPA sobre la realiza-ción de un "Frente unido contra la pobreza" (Adoptada por una-nimidad de los presentes en la reunión del Comité por la Marcha del millón de trabajadores el 14 de octubre de 2005)

El verano pasado, la dirección de la COSATU (Confederación de los Sindicatos de Sudáfrica, que es la principal confederación sindical del país), hizo un llamamiento con el fin de constituir una nueva coalición contra la po-breza y el desempleo.
En respuesta a este llamamiento, el compañero Tiyani Lybon Mabasa, en nombre del SOPA (Partido Socialista de Azania [África del Sur - NDLT]), envió una carta abierta a la COSATU en la que formuló cuatro importantes propuestas, sobre la mejor manera de realizar un frente unido contra la pobreza en Sudáfrica. El camarada Maba-sa fue uno de los oradores en la Marcha del Millón de Trabajadores sobre Washington el 17 de octubre de 2004. Más recientemente, a mediados del mes de agosto de 2005, intervino en la Convención de la Sección del Sindi-cato de los Trabajadores Negros del Sindicato de los Camioneros (TNBC) en Chicago.
Nosotros, sindicalistas y militantes políticos de todas las regiones del país, que nos hemos agrupado en la reu-nión del Comité para la Marcha del Millón de Trabajadores celebrada en el Ayuntamiento de Washington el 14 de octubre de 2005, la víspera de la imponente Marcha de más de un millón de trabajadores, acordamos nuestro apoyo a las propuestas contenidas en la carta abierta presentada por el compañero Mabasa. Creemos, por otra parte, que el mérito de estas propuestas, es que sobrepasan las fronteras de Sudáfrica, puesto que el pueblo traba-jador y los oprimidos de todos los continentes, deben enfrentarse a las mismas prescripciones, dictadas por el ca-pital financiero internacional: el saqueo en nombre del reembolso de la deuda, los ataques contra las empresas y servicios públicos por medio de su privatización y su destrucción, y la imposición de los criminales planes de ajuste estructural del FMI, del Banco Mundial y de la OMC.
Las propuestas del SOPA expresan las siguientes exigencias:
1. La deuda pendiente de pago del régimen del Apartheid debe cancelarse completa e incondicionalmente. No es la deuda del pueblo. Y sin embargo, contribuye aún, a multiplicar los obstáculos que minan la soberanía de la nación sudafricana. Al mismo tiempo, recortada los recursos que faltan, apremiantemente, para la edu-cación, la salud, la vivienda, el agua, los transportes, la electricidad y otros servicios esenciales.
2. Uno de los objetivos esenciales de la lucha de liberación era la reconquista de la tierra acaparada por la mi-noría blanca. Es necesario proceder a una reforma agraria de gran amplitud. La tierra debe devolverse a sus propietarios legítimos: ¡la mayoría negra! No pensamos que sea posible lanzar una guerra eficaz contra la pobreza sin dar la tierra a los millones de campesinos y agricultores a quienes se les privó de ella y que la reivindican.
3. La COSATU adoptó una posición muy firme contra la privatización de nuestros servicios públicos y nues-tros recursos naturales. No cabe duda alguna de que las privatizaciones provocan la pobreza. Es necesario pararlas inmediatamente. No existen las "buenas" privatizaciones. Una nación debe estar en condiciones de beneficiarse plenamente de sus recursos naturales y de sus servicios públicos. Esto no es posible, más que cuando pertenecen al pueblo, es decir, cuando están nacionalizadas.
4. Para apropiarse de nuevo, de lo que legítimamente pertenece al pueblo y construir una campaña de frente único contra la pobreza, los trabajadores necesitan sus propias organizaciones independientes, sus propios sindicatos independientes.
Nosotros, que no hemos reunido en Washington, apoyemos estas propuestas y animamos a todos los sindicalistas y a los militantes a discutir ampliamente. Intervengamos colectivamente en este debate internacional sobre la mejor manera de desarrollar una lucha independiente para erradicar la pobreza, no solamente en Sudáfrica sino en todo el mundo.


Discurso de Jesse Jackson
en la Convención del 20 de septiembre

Jesse Jackson, uno de los principales dirigentes negros ligado al Partido Demócrata, ha sido invitado al Congreso del Transport Worker's Union of Americabs (Sindicato de los Conductores de Taxi).
Dirigiéndose a los delegados, el 20 de septiembre de 2005, declaró:
"No estoy contento de los demócratas y no tengo miedo de los republicanos. Ya es hora de contraatacar de una manera independiente. Es hora de luchar. Necesitamos un movimiento obrero político. Necesitamos un Workers Party [Partido de los Trabajadores]. Debemos combatir por los derechos de los trabajadores, por la protección de la salud, por la defensa de los empleos, por la justicia, por el derecho a la educación y a la vivienda."
En el mismo discurso, Jesse Jackson volvió de nuevo sobre la situación en Nueva Orleáns.
"Los medios de comunicación dicen: "¡Y bien, son refugiados!". "¡No, no y no!. Son ciudadanos, ciudadanos americanos, no hay refugiados. No somos refugiados, somos ciudadanos (...).
Me acuerdo de la convención demócrata en Chicago, en 1968, cuando la policía comenzó a aporrear manifes-tantes que protestaban contra la guerra. Los manifestantes, entonces, comenzaron a corear: "¡El mundo entero nos observa!" (…).
Hemos visto gente amarrada en sus tejados durante una semana, hambrientos y reclamando pan y agua. Sea eso consecuencia de la raza, de la clase o de la pobreza, el mundo entero observaba a los que estaban pillados así en la trampa. En 48 horas, hemos lanzado en paracaídas, comida y agua potable después del maremoto en In-donesia.
Inmediatamente después del ataque del 11 de septiembre, el Sr. Bush se personó en la Ground Zero (el lugar de emplazamiento de las torres destruidas el 11 de septiembre), dio el abrazo a los policías y a los bomberos de Nueva York. Pero en dos días, no ha ido verdaderamente a Nueva Orleáns. Y el mundo entero observaba... ¿Era incompetencia? Había un poco de eso. ¿La estupidez? Un poco de eso también. ¿La raza o la clase? Segura-mente, eso también. Nada de eso es aceptable. Tenemos todo el derecho a ser protegidos. (...)."

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