INFORMACIONES INTERNACIONALES Nº especial 158
15 de noviembre de 2005
Boletín semanal de informaciones editado por el Acuerdo Internacional
de los Trabajadores y de los Pueblos
Presentación:
Este número de Informaciones Internacionales se dedica a la
publicación íntegra del se-gundo número de Unity
& Independence (Unidad e Independencia), "Los sindicalistas
dis-cuten sobre la escisión de la AFL-CIO y el futuro del movimiento
obrero".
Este número publica la continuación del debate entablado
entre sindicalistas y militan-tes obreros de la AFL-CIO y de "Change
to Win" ["Cambiar para Ganar" - NDLT], so-bre la necesidad
de trabajar por la unidad mundial después de la escisión
de la AFL-CIO, así como por la independencia de la organización
sindical.
Unidad e Independencia aparece como suplemento en el periódico
The Organizer y en el "sitio" de la Conferencia Mundial Abierta,
en la sección del Acuerdo.
El Acuerdo Internacional, al publicar la integridad de Unidad e Independencia,
se pro-pone contribuir así a un debate que concierne al movimiento
obrero internacional.
Podéis encargar este boletín por unidades o varios ejemplares
(al precio de 0,50 euro el ejemplar, apoyo: 1 euro o más, gastos
de envío no incluidos) escribiendo a:
Entente Internationale des Travailleurs et des Peuples
87, Rue du Faubourg-Saint-Denis, 75010 Paris. Correo electrónico:
eit.ilc@fr.oleane.com
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hacednos llegar vuestras opiniones.
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UNIDAD E INDEPENDENCIA
Número 2
En este número
o AFL-CIO y "Cambiar para Ganar", el debate continúa.
- Entrevistas con dos responsables locales del SEIU (Trabajadores de
los Servicios) Zev Kvitky, y Maya Morris.
- Entrevista con Tim Paulson, Secretario General de la Unión
Local AFL-CIO de San Francisco.
o Los frutos amargos de la colaboración.
- "La capitulación del UAW nos debilita a todos en la lucha
de clase" por Bill Onasch (miembro del Consejo Nacional Provisional
del Labor Party).
- El grupo New Directions del sindicato del automóvil UAW da
su opinión sobre el acuerdo en General Motors.
o Políticas obreras e independientes.
- "El futuro de la clase obrera: tres piedras angulares" por
Robin David.
- Una discusión sobre una política obrera independiente
organizada por UNIDAD e INDEPENDENCIA.
- Nancy Romer, Sindicato del Personal Docente de la Universidad de la
ciudad de New-York-AFT.
- Chris Silvera, sindicato Teamsters (Sindicato de los Camioneros).
- Mark Dudzic, antiguo responsable del Sindicato del Petróleo,
Química y Energía Nuclear de New Jersey.
- Extractos del periódico Labor Party News. Política independiente
de los negros.
o Sindicalistas Negros tomaron la palabra en la "Marcha del Millón
y más" en Washington.
- Patricia Ann Ford, representando el Consejo Sindical de la ciudad
de Wasington DC.
- Chris Silvera, (Sindicato de los Camioneros).
- Clarence Thomas, Copresidente del Movimiento de la "Marcha del
Millón de Trabajadores", miembro de la Comisión Ejecutiva
de la sección local 10 de la ILWU.
o Moción adoptada por la conferencia de la MWMM en apoyo a las
propuestas del SOPA de consti-tuir un Frente unido contra la pobreza.
o Extractos de la intervención de Jesse Jackson en la Convención
de los Sindicatos de los Taxistas.
¿Quiénes somos?
Os informamos, con satisfacción, de la publicación del
segundo número -en edición de papel y electrónica-,
de la carta de información Unity & Independence (Unidad e
Independencia).
Unidad e Independencia tiene por objetivo iniciar un amplio debate entre
sindicalistas y militan-tes obreros americanos sobre la urgencia de
trabajar para la unidad sindical en la situación abierta por
la reciente escisión de la AFL-CIO, así como por la independencia
sindical -ante los dispositivos de colaboración asalariados-patronos-,
respecto a los partidos del gran capital (Demócratas y Republicanos)
y a las instituciones internacionales del capitalismo mundial (el FMI,
el Banco Mundial, la OMC y la "nueva gobernanza mundial" predicada
por la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas).
Unidad e Independencia es una publicación a iniciativa del Comité
Americano de Apoyo al Acuerdo Internacional de los Trabajadores y de
los Pueblos, reagrupamiento de sindicalistas y militantes políticos,
de orígenes y tendencias diversas de más de 80 países,
comprometidos con la preservación de la independencia de las
organizaciones obreras y con el trabajo en un combate unido, a través
de campañas comunes, para poner término a la ofensiva
antiobrera de las multi-nacionales y de los gobiernos a su servicio.
Unidad e Independencia se publica en San Francisco, California, seis
veces al año como suple-mento separable del periódico
The Organizer. Todos los artículos de la versión papel,
Serán igualmente reproducidos en el "sitio" de la Conferencia
Mundial Abierta, www.owcinfo.org
El Comité de redacción está formado por los siguientes
miembros, (el nombre del sindicato y la posición sindical, sólo
se especifican con finalidad de identificación):
Alan Benjamin, miembro del Comité Ejecutivo de la Unión
Local de San Francisco (AFL-CIO); Nadia Garuti, redactora de The Organizer
Newspaper; Jerry Gordon, Presidente del Labor Par-ty de Ohio, miembro
de la dirección de USLAW; Jack Rasmus, Presidente de la Sección
de la Bahía de San Francisco del Sindicato de los Autores-UAW;
Ed Rosario, miembro de la dirección de la Sección Local
1 del Sindicato de la Prensa y del Sindicato de los Camioneros (International
Brotherhood of Teamsters); Chris Silvera, Secretario General adjunto
de la Sección Local 808 del Sindicato IBT, Presidente del Sector
de los Trabajadores Negros del Sindicato de los Camio-neros (Teamsters
National Black Caucus); Clarence Thomas, Copresidente del Comité
para la Marcha del Millón de Trabajadores, miembro de la Sección
Local 10 de la ILWU; Nancy Wohl-forth, el Copresidente nacional de Pride
at Work/AFL-CIO; Zev Kvitky, Presidente de la Sec-ción Local
715 de la United Stanford Workers-SEIU.
Responsables de la publicación: Alan Benjamin y Ed Rosario.
Invitamos a todos los sindicalistas y militantes a apoyar y contribuir
a Unidad e Independencia, enviando sus artículos y/o comentarios,
encargándose de difundirlo entre sus amigos y colegas y -esto
es muy importante-, enviando un apoyo financiero muy útil para
garantizar la publica-ción regular del boletín. Si queréis,
enviad vuestros cheques a Unidad e Independencia, c/o The Organizer,
PO Box 40009, San Francisco, CA 94140 (cheques a la orden de The Organizer).
Gracias por adelantado por vuestro apoyo.
La redacción.
AFL-CIO y "Cambiar para Ganar";
El debate continúa
Responsables locales del SEIU dan su opinión sobre el programa
de "Cambiar para Ga-nar".
[Nota: A continuación figuran las entrevistas con dos responsables
locales del SEIU (trabajadores de los servicios) Zev Kvitky, Presidente
de la Sección Local 715 del United Stanford Workers/SEIU y Maya
Morris, Vicepresidenta del Sindicato Unificado de los Trabajadores de
la Salud, sector Occidental, afiliado al SEIU. Alan Benjamin mantuvo
la entrevista]
Pregunta: ¿Qué piensas de la escisión de la AFL-CIO
y la fundación de la coalición "Cambiar para Ganar"
hace algunas semanas en San Luis?
Zev Kvitky: Somos aún muchos en la base, los que nos preguntamos
sobre esta escisión. El futuro dirá si era la solución
adecuada. En muchos aspectos, el debate interno en nuestro sindicato
y el debate público que precedió a la escisión,
apenas tenían sentido, porque no abordaban los problemas, en
el centro de la ruptura. Dicho esto, las dos cuestiones esenciales de
la sindicalización y la orientación política son
impor-tantes. Y respecto a eso, pienso que lo que los sindicatos de
"Cambiar para Ganar" se proponen realizar, nos da razones
de esperar.
Hablemos un momento de la construcción del sindicato. Maya, tú
fuiste uno de los elementos motri-ces de una huelga, aquí-mismo
en San Francisco, en los hospitales de Sutter Heath, huelga que dura
desde hace más de ocho semanas.
Háblanos de lo que ha hecho tu sindicato.
Maya Morris: Mi sección local invirtió muchos medios en
la afiliación sindicalización y hemos consegui-do extraordinariamente
bien, aumentar el número de nuestros afiliados en toda California.
En Sutter Health, tenemos el ejemplo de una empresa que está
dispuesta a gastar una increíble cantidad de medios con el fin
de combatir al sindicato. Contrataron gente para romper el sindicato
y romper la huelga. Durante las recientes negociaciones presentamos
más de 100 denuncias contra esta compañía por infracción
de la legislación laboral. Entonces, la cuestión es, saber
cómo organizarse ante un patrono que se decide a ir tan lejos
y cómo proceder en un sistema dónde las leyes juegan realmente
contra los trabajadores.
Los sindicatos de "Cambiar para Ganar", mantienen que se necesita
un gran sindicato que tenga los medios de enfrentarse a un gran patrono
o a todo un conjunto de patronos a la vez. Es verdad. Si intentáis
construir un sindicato en Sutter Health sector por sector -y eso es
lo que hemos intentado anteriormente-, tenéis pocas oportunidades
de triunfar. Necesitáis un método de conjunto.
La dirección de la AFL-CIO ha declarado que no se opone a los
supersindicatos. Dice haber integra-do ya, un gran número de
las propuestas esenciales de los sindicatos de "Cambiar para Ganar".
¿Acaso resulta que la escisión se debió realmente
sobre la cantidad de medios que deben asignarse a la sindicalización?
Zev Kvitky: No hay ninguna duda que hay una lucha por el dinero y el
poder, pero las divergencias sobre la sindicalización eran también
muy reales. La AFL-CIO no asumió los compromisos consecuentes
que los sindicatos de "Cambiar para Ganar" pedían.
El llamamiento inicial, de los sindicatos de "Cambiar para Ganar",
a fusiones forzadas suscitó mu-cha oposición. Los sindicatos
en su conjunto tuvieron la impresión de que se realizaba un ataque
a su autonomía. Parece que los dirigentes de "Cambiar para
Ganar", han vuelto de nuevo sobre esta pro-puesta. Entonces, ¿cómo
realizar reagrupamientos, si bien efectivamente es necesario en algunos
sec-tores, tras respetar la autonomía de las secciones locales
y su funcionamiento democrático?
Zev Kvitky: Es un verdadero problema. Se señalaba, especialmente,
en los primeros documentos de la "Asociación para una nueva
unión", que después se convirtió en "Cambiar
para Ganar"
En esos documentos, se encontraban declaraciones que explicaban que
la "autonomía local" y los "intereses regionales",
podían constituir obstáculos a los objetivos que se fijaban.
Tales expresiones parecían utilizar-se para significar "democracia"
e implicar, que la democracia local podía, efectivamente, ser
un obstáculo al progreso. En el sindicato SEIU, esta preocupación
era expresada de una manera característica con la pre-gunta:
"¿Para qué sirve la democracia sindical si nadie
tiene sindicato?".
Pero ¿podemos construir sindicatos y tener más afiliados
sin democracia desde la base? Estos argu-mentos ¿no sirven simplemente
para justificar un tipo de sindicalismo, donde todo se decide desde
la cúpula, copiado finalmente de las estructuras empresariales?
Si los trabajadores no están convenci-dos de que su propio sindicato
les pertenece, ¿qué es lo que les impedirá salir
tan rápidamente como hayan entrado?
Zev Kvitky: Yo encabecé una lista de candidatos militantes de
base a las elecciones de mi sección local del SEIU, la Sección
715. Queríamos un cambio fundamental en la forma en que nuestra
sección era dirigida. Queríamos que los miembros se reapropiaran
del sindicato y que se hiciera más democrático. Este conflicto
con la dirección actual desde la base, no tuvo éxito,
aunque recibimos un amplio apoyo. Muchos de nues-tros mejores sindicalistas
se desmoralizaron cuando se dieron cuenta de que un aspecto de democracia
en-mascaraba el carácter profundamente antidemocrático
de la forma en que se toman las decisiones. A lo lar-go de los años,
numerosos sindicalistas esforzados renunciaron a sus actividades por
esta razón, es pues, una orientación que tiene un efecto
destructivo sobre nuestro sindicato. No creo que el SEIU pueda exhibir
un extraordinario balance cuando se trata de democracia sindical, pero
tampoco pienso que el balance sea diferente para la mayoría de
los sindicatos de la AFL-CIO. El grado de democracia varía según
las seccio-nes, incluso en el SEIU. Pero ahora lo que me inquieta mucho,
es la constitución de supersindicatos por "Cambiar para
Ganar" y parece que también por algunos sindicatos de la
AFL-CIO. ¿Podrán los sindicalis-tas desempeñar
un papel significativo, de una manera o de otra? ¿Tendrán
algún poder de decisión en el sindicato?
Si los sindicatos son incapaces de dar toda su importancia al sindicato,
lo que implica una vida democrática interna, nunca podrán
construir un movimiento, cualquiera que sea el número de miembros.
Podrían termi-nar por parecerse a la AAA, al automóvil-club,
o al Sierra Club, organizaciones que tienen millones de miembros sobre
el papel pero ningún poder político real.
Para los que, de entre nosotros, quieren realmente reconstruir el movimiento
obrero, la democracia es esen-cial. Desgraciadamente, no vemos un verdadero
compromiso en este sentido, en ningún de los dos sectores en
presencia.
Sin embargo, a pesar de estos serios problemas, parece que los sindicatos
de "Ganar por el cambio" dan prueba de no poca energía
y entusiasmo debido, precisamente, a esta insistencia sobre la sindica-lización
Maya Morris: Tienes razón absolutamente. En nuestra sección
local se nos reanimó en bloque. Nuestra sección cubre
en adelante todo el Estado, puesto que nuestra sección de California
del Norte, la sección SEIU 250, se fusionó con la sección
SEIU 399, de los trabajadores de la salud en California del Sur. En
nuestro caso, no se trató en absoluto de una fusión forzada.
Más bien, sería lo contrario, hacía casi diez años
que mencionábamos la necesidad de una fusión.
En nuestro caso, los afiliados votaron por la fusión por una
aplastante mayoría. La gente comprendió que era lógico
que los trabajadores de la salud estuvieran unidos. Trabajamos para
los mismos patronos, y hemos coordinado nuestras negociaciones con patronos
como Catholic Health Care West. Por tanto, la fu-sión se consideró
como una innegable manera de reforzarnos. También hemos comprendido
que, quizá, po-díamos evitar recurrir a la huelga si llegábamos
a obtener buenos contratos colectivos.
Pero eso creó un nuevo reto. Somos más numerosos, tenemos
más poder, entonces ¿cómo implicamos a nuestros
afiliados en la actividad sindical, y cómo ligamos las luchas
en el terreno con las negociaciones colectivas?
A raíz de la escisión de la AFL-CIO, ¿existe una
amenaza de que, los sindicatos se entreguen a una guerra más
encarnizada para reclutar?
Maya Morris: Los conflictos entre sindicatos son un gran peligro. Hay
también un gran problema, cuando sindicatos llegan y aceptan
normas inferiores en un sector dado. Debemos hacer saber a nuestras
direccio-nes sindicales, que tenemos necesidad de un movimiento obrero
unido, de trabajar en unidad sobre la orien-tación política
y la sindicalización.
Ahora que hemos salido de la AFL-CIO, nuestros dirigentes de "Cambiar
para Ganar" van a hacerlo todo para probar que su estrategia es
la buena. Y uno de los ejes principales de su estrategia, es desarrollarse.
Tengo inquietudes con respecto a las querellas entre los sindicatos,
no solamente entre los sindicatos de la AFL-CIO y los de "Cambiar
para Ganar", sino dentro del SEIU mismo, tomando también
el conflicto, la forma de una oposición entre el desarrollo del
sindicato y las normas en el trabajo. Y eso podría arrastrar-nos
por una peligrosa pendiente.
Zev Kvitky: Nuestros afiliados no tienen nada que ganar en estas batallas
entre sindicatos por el control de un territorio. Los únicos
que sacan ventaja de ello, son los patronos. Los sindicatos de "Cambiar
para Ga-nar" están bajo presión, deben crecer rápidamente,
ya que, ha sido sobre esta base sobre lo que desafiaron a la AFL-CIO.
Los afiliados deben pedir cuentas a sus dirigentes para que no se distraigan
con estos juegos de poder y de conquista. Debemos enviarles un mensaje
fuerte: tenemos que seguir siendo solidarios, por-que somos atacados
por el gobierno y la patronal, como nunca lo hemos sido antes.
Los sindicatos de "Cambiar para Ganar", acusaron violentamente
a los Demócratas de no defender a los trabajadores. Algunos sindicalistas
piensan que se debería dedicar menos dinero a la política
ge-neral, mientras que otros, como yo, pensamos que debemos avanzar
hoy en la construcción del Labor Party ya emprendida. En tu opinión
¿cómo debería responder el movimiento obrero, a
los retos polí-ticos a los que se enfrentan?
Zev Kvitky: Mi propio sindicato, el SEIU afirma desde hace algún
tiempo que deberíamos cambiar nuestra actitud sobre las cuestiones
políticas; y sin embargo la dirección del SEIU pagó
más dinero para la campa-ña de Kerry el año pasado,
que en ningún otro momento en la historia de nuestro sindicato.
Es pues una cuestión importante para nosotros, saber si este
discurso sobre una nueva actitud hacia la política se utiliza-rá
para elaborar un nuevo programa político. Eso exigiría
mucha más educación política dentro de nuestras
instancias, lo que nuestros sindicatos han hecho muy mal.
El Comité de redacción del periódico The Organizer
ha hecho un llamamiento a los sindicatos y a las organizaciones locales
con el fin de prepararse para presentar candidatos o listas obreras
indepen-dientes a las elecciones. ¿Qué pensáis
de esto?
Zev Kvitky: Numerosos sindicatos hablan de presentar candidatos a las
elecciones políticas. El problema, en mi opinión, es que
nuestro sistema electoral está trucado e influye contra cualquier
candidato o partido independiente. Está controlado por dos partidos
políticos que, con el tiempo, cada vez se han ido acercando más,
de modo que es muy difícil que un tercer partido tome importancia.
Pienso que, para comenzar, es ne-cesario apoyar las reformas electorales
que permitirían a los partidos y candidatos independientes expresar-se:
representación proporcional, íntegramente proporcional
y, así sucesivamente. La razón por la que eso no se ha
producido es, que los sindicatos han seguido atados al Partido Demócrata.
Si los sindicatos de "Cam-biar para Ganar" quieren poner de
manifiesto que están decididos a promover una política
independiente, sería fácil empezar por ahí y eso
sería muy popular.
Maya Morris: Yo no pienso que, en esta etapa, el movimiento obrero sea
bastante fuerte para desarrollar su propio programa. Simplemente porque
no somos bastante numerosos. Creo que para comenzar, y es lo que mi
sección local hizo, es necesario impulsar la formación
sobre los grandes problemas, por ejemplo so-bre la globalización.
¿Qué es la OMC? ¿Qué es el TLC? ¿Qué
entendemos por "economía equitativa"?
Zev Kvitky: Por una parte, lo que falta al movimiento obrero, es un
verdadero programa político. Si lo ela-boramos, incluso a nivel
local, y si trabajamos con nuestros aliados en ese terreno, podremos
comenzar a reconstruir una fuerza política.
La primavera pasada, en la emisión televisada presentada por
Lou Dobbs, Andy Stern, el Presidente del SEIU declaró que, por
lo que se refiere a la nueva economía mundializada, es esencial
que los sindicatos trabajen en colaboración con las grandes empresas.
Dijo que ya no es posible combatir la deslocalización de nuestros
empleos, que ahora, debemos cooperar con las multinacionales para pro-poner
mejores deslocalizaciones. En la convención de "Cambiar
para Ganar" en San Luis, Stern dijo que, el movimiento obrero ha
fracasado a menudo porque "Hemos tenido una estrategia muy de,
lu-cha de clase". Prosiguió: "en la nueva economía,
necesitamos asociaciones con los patronos allí donde el programa
"Team America" tiene un plan para construir la economía
americana.".
La coalición "Cambiar para Ganar" acaba de anunciar
que va a intensificar su cooperación con la UNI y que formará
parte de la "federación mundial" que será resultante
de la fusión prevista el próximo año entre la CIOSL
y la CMT, una confederación internacional de derechas basada
en los principios cristianos y sobre todo famosa por su promoción
de "la cooperación entre la patronal y los sindicatos"
y su rechazo categórico, del concepto según el cual, los
obreros y los patronos tienen in-tereses contradictorios y en consecuencia
antagónicos, como consecuencia de sus respectivos papeles en
el proceso de producción.
La nueva confederación resultante de la fusión, a la que
se afiliará la AFL-CIO, estará basado en esta "asociación"
con el FMI, el Banco Mundial, la OMC y las multinacionales. El Acuerdo
alertó y expli-có los peligros de esta rápida deriva
hacia un corporativismo "neototalitario". ¿Acaso las
observa-ciones de Stern son un tema de preocupación para los
miembros del SEIU?
Zev Kvitky: En muchos aspectos, ese es uno de los debates más
importantes, a los que el movimiento obrero se enfrenta en este país
y a escala internacional. Es una cuestión que determina el tipo
de movimien-to sindical que esperamos construir. Y con todo, estuvo
completamente ausente del debate sobre el futuro del movimiento obrero.
Durante los últimos meses, estuve especialmente inquieto, después
de haber leído las declaraciones de An-dy Stern en la prensa
económica. Fue ampliamente entrevistado en ella y ha hablado
ante asociaciones de hombres de negocios. Hizo afirmaciones muy diferentes
de las que hace delante de los sindicados.
Stern habla mucho de las colaboraciones entre los sindicatos y la gran
patronal y la manera en que nosotros, como sindicatos, podemos contribuir
a aumentar el valor de las empresas. Utiliza mucho el lenguaje de los
patronos. Como tú has señalado, repitió abiertamente
que entramos actualmente, en una nueva era de la lu-cha de clases con
la formación de "Cambiar para Ganar", que no vamos
a volver a los años 30. Dice que la globalización es inevitable
y que debemos aceptar las deslocalizaciones. Mantiene que el movimiento
obre-ro debe adaptarse a las exigencias de la globalización.
Encuentro estas posiciones muy peligrosas, sobre todo teniendo en cuenta
que todo este debate está ausente del debate entre sindicalistas
y trabajadores en nuestro país. De hecho, en gran parte, los
trabajadores de es-te país no tomaron conciencia del alcance
de estos conceptos políticos. La gente no comprende, por ejem-plo,
cómo las posiciones defendidas por Stern han conducido a la destrucción
de los empleos y a la reduc-ción de los derechos de los trabajadores
en Europa y en el mundo.
Pero esta cuestión de la colaboración entre los sindicatos
y los patronos no es nueva. Mira, por ejem-plo, la reciente decisión
de General Motors de disminuir el importe de las jubilaciones. Para
los tra-bajadores sindicados en la UAW, es el resultado amargo de 20
años de colaboración entre la direc-ción de la
UAW y General Motors [Véanse otros artículos en este Boletín].
El mismo SEIU tiene acuerdos de colaboración con empresas de
salud como Kaiser Permanente...
Zev Kvitky: Es cierto. El SEIU ha desarrollado colaboraciones con patronos
que no dieron muy buenos re-sultados para nuestros miembros. Observamos
este fenómeno recientemente en el Estado, donde nuestras colaboraciones
con algunos patronos condujeron el SEIU a solicitar disposiciones que
contradicen las posi-ciones que afirmamos por otra parte. Creo que es
una vía muy peligrosa si queremos construir un movi-miento sindical
independiente y unificado. Es peligroso hablar de intereses comunes
con los patronos, co-ntra los que luchan los trabajadores.
Maya Morris: Pienso que numerosos trabajadores tienen una comprensión
muy limitada de la globaliza-ción. En cuanto al modelo de colaboración,
tuvimos problemas con nuestros miembros de la base, sobre el terreno.
Por lo que se refiere a la asociación con Kaiser, tuvimos dificultades
de movilizar a nuestros afiliados. Co-mo no tuvieron que hacer huelga
desde hace tiempo, olvidan a menudo que es el sindicato el que les ha
ayudado a obtener lo que tienen. Tienen quizá, el mejor contrato
del país en el sector de la salud. Lo lla-mamos el contrato Cadillac,
y eso nos ayuda a hacer progresar los contratos para los que trabajan
en las demás grandes compañías del sector de la
salud.
En el caso de la colaboración con Kaiser, tu sindicato pudo
ganar y mantener disposiciones de muy alto nivel. Pero el modelo de
colaboración en general se tradujo en un deterioro considerable
de las condiciones y salarios. Son estos planes de "colaboración"
los que han contribuido a diezmar un gran número de sindicatos
en la industria del Medio Oeste. Estos planes de colaboración,
son puñales ma-nejados por los sindicatos para cortarse la garganta
ellos mismos.
La cuestión de las colaboraciones en la economía mundial,
como Stern la plantea, quizá no se entien-de por todo el mundo.
Sin embargo las que han fracasado han sido muy bien entendidas en algunas
regiones del país, como en Decatur en Illinois, donde los planes
de "colaboración patronal-sindicato" destruyeron millares
de empleos en AE Staley, Firestone Co., y Caterpillar.
Zev Kvitky: Probablemente haya una diferencia, entre las colaboraciones
con las compañías que pueden deslocalizar sus empleos
en otros países y las que no pueden. Las colaboraciones en el
sector de los servi-cios, como en el mantenimiento y la limpieza en
ABM, pueden parecer diferentes de las que fallaron en las industrias
del Medio Oeste. Dicho esto, yo no podría apoyar un método
de sindicalización que dice que de-bemos aumentar el número
de nuestros afiliados a toda costa. Probablemente tengamos que pagar
el precio, un precio enorme, si establecemos colaboraciones con patronos
con los que no tenemos, simplemente, nin-gún interés común.
Es posible que, el precio que debe pagarse no valga la pena.
La palabra a Tim Paulson
(Unión Local de la AFL-CIO de San Francisco)
[ Nota: La siguiente entrevista con Tim Paulson, Secretario General
de la Unión Local AFL-CIO de San Fran-cisco, fue recogida por
Alan Benjamín, el 18 de octubre de 2005 ]
Pregunta: Como Secretario General de la Unión Local de San Francisco,
has sido invitado a la Conven-ción de "Cambiar para Ganar"
en San Luis el 27 de septiembre. ¿Cómo valoras esa Convención?
Tim Paulson: He estado en este convenio invitado por la coordinadora
de "Cambiar para Ganar" Anna Burger, en el mismo concepto
que otros responsables de uniones locales de la AFL-CIO. Los responsables
de la Unión Local de San Francisco pensaron que sería
importante que fuera a ella. Creo que he sido invitado debido a la po-sición
muy nítida de nuestra Unión Local, que ha pedido que las
Federaciones de Estado y las Uniones Locales sigan unidas y trabajen
juntas, sobre todo en California, donde es crucial reagrupar nuestras
fuerzas con el fin de hacer fracasar las propuestas antiobreras que
Schwarzenegger presenta al voto el 8 de noviembre. No sería lógico
tener estructuras separadas en las localidades y los Estados.
La Convención de "Cambiar para Ganar" fue, esencialmente
una reunión de un día, destinado a la campaña de
sindicalización. La única decisión de acción
fue la creación de un centro de investigación y organización
de "Cambiar para Ganar" con el fin de promover estrategias
y reunir fondos (el objetivo se fijó en 750 millones de dólares)
para ayudar a la sindicalización. Los siete sindicatos de "Cambiar
para Ganar", el SEIU (trabajadores de los servicios), los Teamsters
(Camioneros), UNIDAD/HERE (industria textil), Laborers (construcción),
UFCW (alimentación), los Laborers (los carpinteros de obra) y
los Farmworkers (trabajadores agrícolas), se pusieron de acuerdo
y trazaron las grandes líneas de los distintos programas sobre
los que se proponen trabajar. Todos los sindicatos dijeron que eso era
lo que querían hacer dentro de la AFL-CIO, pero que "era
imposible".
Dices que "era imposible" pero la dirección de la
AFL-CIO declaró que estaba dispuesta a transferir una parte significativa
de las cotizaciones individuales pagadas por cada sindicato, con el
fin de ayudar a la sindicalización. Añadió que
no había desacuerdo fundamental sobre la estrategia y sobre la
necesidad de reagrupar sindicatos con el fin de reforzar su potencia
organizativa.
Tim Paulson: El punto de ruptura se alcanzó cuando los sindicatos
de "Cambiar para Ganar" presionaron para que un porcentaje
mucho más importante del presupuesto global de la AFL-CIO fuese
dedicado a la sindicaliza-ción. La AFL-CIO respondió:
"No, no iremos tan lejos como exigís, ya que eso dislocaría
nuestra infraestructu-ra. Aumentamos de una manera significativa los
medios que concedemos a las campañas de sindicalización
y a la acción política pero lo que pedís no puede
cargarse sobre nuestro presupuesto.".
El fondo del problema es que la dirección de la AFL-CIO no se
proponía transferir tanto como les reclamaban los sindicatos
de "Cambiar para Ganar". Esta cuestión estaba también
vinculada al debate sobre la acción políti-ca: ¿Deberíamos
dar más dinero a la sindicalización o a la política?
Y los sindicatos de "Cambiar para Ganar" replicaron: "¡Sindicados!
¡Sindicados! ¡Sindicados! ¡Necesitamos más
afiliados!"
Puesto que hablamos de política, una crítica muy a menudo
dirigida a los sindicatos de "Cambiar para Ganar", es que,
incluso si es como coalición, hablan de la necesidad de suministrar
menos dinero a los po-líticos y más para sindicar, se
establece que con carácter individual un gran número de
sindicatos de "Cambiar para Ganar" declaró que estaban
dispuestos a sostener a los Republicanos en las próximas elecciones.
Realmente, no es un cambio que vaya en el sentido de una política
independiente para el mo-vimiento obrero. ¿Se planteó
esta cuestión como tal, en la Convención de San Luis?
Tim Paulson: Las cuestiones políticas fueron objeto de numerosos
comentarios, pero la mayoría afirmaban los siguientes principios:
"No vamos a conformarnos con dar dinero a los Demócratas
porque las circunstancias hacen de ellos el mal menor. Vamos a favorecer
la presentación de nuestros propios candidatos y aplicaremos
criterios mucho más severos para determinar que recibirán,
no solamente nuestro dinero, sino los medios de los que disponemos.".
Durante las últimas semanas, tuvieron lugar debates entre las
direcciones de la AFL-CIO y de "Cambiar para Ganar". Ayer
[17 de octubre], un comunicado de prensa de la AFL-CIO anunció
que había llegado a un "acuerdo de principio" con "Cambiar
para Ganar" que permitiría a los sindicatos de "Cambiar
para Ganar" funcionar en las Federaciones de Estado y las Uniones
locales. Este acuerdo autorizaría a los responsables de los sindicatos
de "Cambiar para Ganar" a ocupar posiciones de dirección
en estas instancias locales y en los Estados.
Eso representa una importante evolución con relación
a la posición intransigente adoptada por John Sweeney en el Congreso
de la AFL-CIO en Chicago, e incluso más tarde cuando Sweeney
propuso "Car-nés de solidaridad" a los sindicatos de
"Cambiar para Ganar". ¿Cuál es tu valoración
sobre este acuerdo y tiene oportunidades de durar? Por otra parte, ¿qué
es lo que, en tu opinión, determinó este vuelco?
Tim Paulson: Digo y repito desde el convenio de Chicago, que es necesario
esperar que las cosas se calmen. Había tantas polémicas
en ese momento, que era natural que se expresase mucha ira entre los
dirigentes. Cuando John Sweeney, con su habilidad de negociador, estableció
la primera versión del "Carta de solidaridad", recono-ció
que era absurdo crear instancias sindicales diferentes en el Estado
y la localidad. Eso era importante. Pero como elementos que objeto de
estas negociaciones, había lo que podríamos llamar tres
"culebras que tragarse", quiero decir que se declaraba: "Sí,
os aceptamos, pero estas son nuestras condiciones.".
Según la primera versión de la "Carta de solidaridad",
todos los sindicatos a los que se concedía, debían publicar
una declaración que criticaba la decisión de "Cambiar
para Ganar", de escindirse de la AFL-CIO. A continua-ción,
en el marco de esta carta, ningún dirigente de un sindicato de
"Cambiar para Ganar" podía convertirse en miembro de
la dirección de una Federación de Estado o de una Unión
Local. Y finalmente todo sindicato de "Cambiar para Ganar"
que pidiese esta carta debería pagar una cotización suplementaria
evaluada en el 10% de lo que pagan los otros sindicatos afiliados.
Todo eso formaba parte del proceso de negociación inicial porque
había en ella aún, mucha ira y reproches.
Pero las cosas se calmaron efectivamente y visiones más serenas
han acabado por triunfar. Se han suprimido las condiciones previas.
"Cambiar para Ganar" publicó este acuerdo en su sitio
Internet. Yo soy pues, en realidad, optimista por lo que se refiere
al acuerdo al que se ha llegado. Pienso que los dos campos admiten la
necesidad de un compromiso financiero, cualquiera que sea su naturaleza,
que permita el funcionamiento correcto de las Federaciones de Estado
y las Uniones Locales. Trabajan aún sobre esta parte del acuerdo,
pero yo no creo que esta última serie de debates sobre las finanzas
causará disputas. Ahora, se trata de una simple cuestión
de deta-lles.
¿Piensas que la posición en favor de la unidad, adoptada
por la Unión Local de San Francisco y por otras uniones locales
haya contribuido a este cambio en la posición adoptada por la
dirección de la AFL-CIO?
Tim Paulson: Esto ha modificado considerablemente la situación.
Durante los cinco días que estuve en el Con-greso de la AFL-CIO
en Chicago, probablemente pasé la mayor parte de mi tiempo hablando
de este tema con mis compañeros de las Federaciones de Estado
y las Uniones Locales, al mismo tiempo, durante las reuniones oficiales
y los encuentros informales. Todos nos preguntábamos, con inquietud,
cómo abordar la escisión con los sindicatos de "Cambiar
para Ganar" y hemos hecho comprender tanto a los dirigentes de
la AFL-CIO como a los de "Cambiar para Ganar" que queríamos
mantener la unidad. Fue especialmente el caso de los delegados de Ca-lifornia.
California dio el ejemplo. Dijimos claramente y con todas nuestras fuerzas:
"No cambiaremos nuestro método de funcionamiento. No cambiaremos
a ninguno de nuestros responsables. Y servimos de ejemplo para otros
delegados en la manera en que debemos seguir siendo solidarios.".
Todos nosotros, en California, sobre todo los que, de entre nosotros,
vienen de la Bahía de San Francisco, traba-jamos actualmente
juntos como nunca lo hemos hecho anteriormente. Somos ahora, incluso
más fuertes. Es pues cierto, enviamos un mensaje a nivel nacional,
y afortunadamente este mensaje ha sido escuchado.
Pero en numerosos Estados a través del país, ha habido
escisiones en las Federaciones de Estado y las Uniones Locales. Responsables
de los sindicatos de "Cambiar para Ganar", han sido cesados
de su posición de dirigentes. Serán necesarios muchos
esfuerzos para volver a poner las cosas en su sitio. Deberán
encontrar los medios de trabajar, de nuevo, juntos.
Además de esta preocupación sobre la ruptura de la unidad
en Estados y localidades, se sentía también es-ta profunda
inquietud: una escisión de la AFL-CIO podría aumentar
los riesgos de defección temporal de adherentes entre los sindicatos.
¿Piensas que el "acuerdo de principio" entre la AFL-CIO
y "Cambiar pa-ra Ganar" contribuirá a evitarlo?
Tim Paulson: Completamente. Desde el Congreso de Chicago, algunas de
las cuestiones suscitadas por el artícu-lo 20 ya reaparecieron
en algunos lugares. A pesar de todo, es significativo que los sindicatos
CWA y UNIDAD/ HERE hayan llegado a un acuerdo de principio sobre la
cuestión de los casinos indios, en los temas de la sindica-lización
y la competencia entre sindicatos.
Es tan significativo como que, en el sector de los servicios de ayuda
a domicilio, la AFSCME y el SEIU se hayan puesto de acuerdo con el fin
de evitar cualquier desafiliación y para llevar campañas
comunes de sindicalización. En consecuencia si estos cuatro sindicatos
pueden encontrar un acuerdo en este increíble clima de confrontación,
es de buen augurio para todos nosotros. Pienso que hemos comprendido
que nos espera un inmenso trabajo de sindicalización y que, por
lo tanto, no tenemos que combatirnos por conquistar territorios.
¿Deseas añadir alguna otra cosa?
Tim Paulson: Como sabes, he sido elegido Secretario General de la Unión
Local de San Francisco hace un año. Estoy a punto de comenzar
mi segundo año en esta responsabilidad. Nuestra Comisión
Política funciona correc-tamente, así como nuestra Comisión
de los Empleados de los Servicios Públicos. Pero la comisión
que me he es-forzado, realmente, en levantar, es la encargada de la
sindicalización y la organización del sindicato.
En cierto modo, el hecho de que hayamos vendado las heridas, para preservar
las condiciones de nuestra unidad me da la esperanza de que nuestros
esfuerzos de sindicalización puedan, a partir de ahora, ponerse
en marcha. San Francisco está madura para la organización.
Somos una ciudad sindicalista, pero podemos serlo más aún.
Los amargos frutos de la colaboración.
LA CAPITULACIÓN DE LA UAW
NOS DEBILITA A TODOS EN LA LUCHA DE CLASES.
Por Bill Onasch
[Bill Onasch es miembro del Consejo Nacional Provisional del Labor
Party.
Se adaptó este artículo, con su permiso, de un artículo
fijado en el sitio Internet de Kansas City Labor: www.kclabor.org.]
La evolución de los últimos acontecimientos en la UAW,
no constituyen simplemente la consecuencia de una lista de concesiones
demasiado larga. Tenemos el litigio por el abandono del último
sector de la clase media en cuello azul que estaba reputada de ser una
característica de la sociedad americana. No es un asunto insignificante.
Los patronos, los medios de comunicación y los políticos
a su servicio, así como los burócratas sindicales sin
energía, van a procurar que no sea un asunto nimio. Cuando las
organizaciones trabajadoras, implica-das por el UAW, ganaron proyecciones
importantes entre el final de la última Guerra Mundial y los
años 70, millones de trabajadores, incluidos los no sindicados,
se beneficiaron indirectamente. El conjunto de los salarios aumentaba
regularmente. La mayoría de los patronos se reflejaron a ofrecer
ventajas como un seguro salud o planes de jubilación.
La película, que se remonta muy atrás, ha vuelto, de nuevo,
casi a su inicio. El modelo de la negociación de toma y daca
durante los 30 últimos años condujo a salarios reales
en estancamiento o en baja, y a una re-ducción de ventajas, tanto
para los sindicados como para los no sindicados.
La componente afro-americana de "clase media" obrera, ha sido
más especialmente afectada, ya que de-pende más de los
sindicatos, para obtener empleos correctamente pagados en el sector
privado.
En los años 80, estaba sindicado un 25% de los trabajadores negros;
hoy esta proporción ha caído a 1 so-bre 7. Los despidos
previstos en el automóvil van a afectarles, proporcionalmente,
más duramente aún. Eso no podrá sino acentuar la
pobreza y la desesperación de la comunidad negra del país.
Y héteme aquí que, los dirigentes de este sindicato de
vanguardia dieron el visto bueno a enormes conce-siones que se referían
no sólo a los activos sino también a los pensionistas.
Eso conduce a una atmósfera de crisis que cualquier patrono usará
para explotar, incluso aunque tengan convenios y planes de jubilación.
Algunos dicen que los dirigentes de la UAW no tenían elección.
Realmente, podían haber elegido decir simplemente no. Había
un convenio existente, aún en vigor para dos años. General
Motors, con enormes reservas de tesorería disponibles, no habría
podido esgrimir la amenaza de una declaración de quiebra. Habría
podido ganarse el tiempo para reunir las fuerzas para combatir.
Dans le contexte de la lutte de classe, cette capitulation ne fut pas
une bataille perdue, elle ressemble plus à la déclaration
du gouvernement français qui ouvrit les portes de Paris aux armées
d'Hitler. Pendant que notre commandement travaille à créer
leur petit Vichy, ceux d'entre nous qui veulent continuer le combat
doivent se regrouper pour résister
En el contexto de la lucha de clases, esta capitulación no fue
una batalla perdida, se asemeja más a la de-claración
del gobierno francés que abrió las puertas de París
a los ejércitos de Hitler. Mientras que nues-tro estado mayor
trabaja para crear su pequeña Vichy, los que, de entre nosotros,
quieren seguir el com-bate deben agruparse para resistir.
Bill Onasch
Hasta estas últimas semanas, la UAW podía legítimamente
enaltecerse de haber estado en el grupo de cabeza de las grandes organizaciones
sindicales americanas. Alegando los acuerdos con los Tres Grandes (GM,
Ford y Chrysler), los trabajadores del automóvil podían
estar orgullosos de sus elevados salarios, de su seguro de en-fermedad,
de sus jubilaciones y del pago de horas extraordinarias entre los mejores.
Hasta tenían una agencia de trabajo temporal para contrarrestar
el impacto de los despidos a corto plazo.
Por supuesto, con relación a la situación de hace 20 años,
muchos menos trabajadores se beneficiaban de estas ventajas. Las cuotas
de mercado perdidas, las evoluciones tecnológicas, las deslocalizaciones
y la externaliza-ción, todo eso costó muy caro al UAW
en términos de afiliación.
"Solidarity House" había pretendido impedir esta decadencia
intentando una estrategia de colaboración respon-sable con los
patronos. Esperaban encontrar un terreno de acuerdo que pudiera eliminar
el terreno reconquistado por los patronos en el acero, la electricidad,
el caucho, la carne, y en otros bastiones sindicales.
Fuerte tormenta anunciada
Pero eso no hizo más que aplazar la crisis. Una tormenta de fuerza
5 se anuncia y amenaza a los trabajadores de GM/Delphi. Ford y Chrysler
siguen el mismo camino y, al final, casi todos los trabajadores van
a sufrir su cólera de una manera o de otra.
No es necesario buscar en el extranjero lo que amenaza los beneficios
de los "socios" de la UAW -GM, Ford, y Daimler-Chrysler-,
sobre el suelo americano. Las supuestas "instalaciones" de
fabricantes asiáticos y europeos en el territorio americano,
producen millones de coches en los Estados Unidos, a costes mucho más
bajos.
La diferencia de salario en esas fábricas, aunque sustancial,
no constituye más que una parte de esta amenaza competitiva.
La diferencia derivada del coste salarial de la protección social
es enorme. Los Tres Grandes se ven obligados a pagar decenas de miles
de millones en jubilaciones y en seguros de salud, para un número
de pen-sionistas siempre creciente. La relación activos/jubilados
en GM, es hoy de 2,5.
La coreana Hyundai ha abierto, recientemente, una fábrica modelo
en Alabama. No tendrán, obviamente, ningún pensionista,
antes de mucho tiempo. De todas formas, no mantienen ningún plan
de jubilación similar a los que conocen los trabajadores de la
UAW. Como en la mayoría de las fábricas de grupos extranjeros,
los trabajadores de Hyundai están sometidos al fondo de pensión
privado 401(k), del mismo tipo que el de los empleados de En-ron. Los
patronos de estas fábricas, contribuyen mucho menos a los costes
de salud que los Tres Grandes.
Los Tres Grandes habían previsto eso. Hace poco más de
10 años, habían comenzado a subcontratar la produc-ción
de repuestos fabricados por trabajadores sindicados, con el fin de hacer
bajar los costes salariales en estos sectores externalizados. Pero cuando
GM ha subcontratado a Delphi en 1999, debieron ponerse de acuerdo por
un período de transición -al menos hasta 2007- durante
el que se respetarían las obligaciones incluidas en los anteriores
acuerdos.
Delphi, como la mayoría de los proveedores de repuestos, Federal
Mogul y Tower Automotive, está próximo a la declaración
de quiebra y exige reducciones enormes de salarios y de asignaciones
sociales. Estas son malas noti-cias, pero no solamente para los 24.000
sindicados en la UAW (y varios millares en otros sindicatos) de Delphi.
Si GM debe garantizar las jubilaciones de Delphi, entonces General Motors
podría amenazar con ir hacia la de-claración de quiebra.
"GM está en plena implosión." según Peter
Morici, profesor de Economía a la Universidad de Maryland. "La
sociedad estaría en quiebra el próximo año si no
tuviera tanto fondo de reserva. Es necesario que reduzca sus costes
salariales a los niveles de los de Nissan y Toyota en el Sureste de
los Estados Unidos.".
Si GM pudiese llevar a la práctica el objetivo de este sabio
universitario, ello tendría consecuencias de enverga-dura para
millones de otros trabajadores que se beneficiaron de las ventajas salariales
y sociales ganadas por la UAW. ¿Estamos condenados?
Las organizaciones sindicales, como bien saben las presentes generaciones
de trabajadores activos, están conde-nadas. No cabe duda de que
la estrategia de colaboración con el patrono, fielmente seguida
por la dirección de la UAW desde hace más de 30 años,
estaba condenada desde el principio.
Comenzaron por "devolver" ventajas, en gran medida, resultado
de pasadas victorias ganadas por difíciles com-bates en los años
30 y 40. Hicieron concesiones graduales, a lo largo de los años
de "colaboración" en el seno de los círculos
de calidad, de las experiencias NUMMI y Saturn -algo menos de tiempo
de descanso aquí, algo menos de compensación por el coste
de la vida allá...-, etc.
Los burócratas locales más hábiles han sobrevivido
ofreciendo concesiones variadas, apoyando políticamente las solicitudes
patronales de reducciones de impuestos, convenciendo el patrono de cerrar
tal otra fábrica con un sin-dicato UAW.
Los responsables de la UAW fueron el mejor ejemplo de burocracia sindical
americana. Se mostraron menos ineptos que la mayoría de sus colegas
instalados en otras organizaciones, pero finalmente, van a terminar
de la misma forma.
Al final de la II Guerra Mundial, los trabajadores de la industria del
automóvil, incluida la de los proveedores de repuestos, casi
estaban sindicados en un 100 %. En la actualidad, un 40% de los coches
fabricados en los Estados Unidos son construidos por trabajadores no
sindicados en filiales de fabricantes extranjeros. Delphi tiene más
obreros en México que en los Estados Unidos.
La UAW ha fracasado en todas sus tentativas de sindicalización
en las fábricas de montaje abiertas de los grupos japoneses,
coreanos y alemanes. No han conseguido sindicar a los trabajadores de
los fabricantes de repuestos. El círculo de apoyos de la UAW
se estrechaba cada día.
Nuestros capitanes juegan a las sillas musicales
Hoy toda la burocracia sindical americana sabe que hay una crisis, al
menos en la medida en que los afecta. Me-nos cotizaciones debilitan
su seguridad del empleo y les privan de los activos que pueden hacer
valer ante los po-líticos.
El año pasado, algunos se comprometieron en un "debate"
con respecto al futuro del movimiento obrero. Ha habido incluso, una
escisión que a causado la salida de la AFL-CIO, de sindicatos
que representaban alrededor de un 40% de los afiliados, para crear a
una nueva federación: "Cambiar para Ganar". Pero este
debate no ha servido de mucho. La estrategia de colaboración
de clases practicada por la burocracia debe ser sustituida por otra
cosa, no cortada en pedazos. Si no se hace eso, las organizaciones tradicionales
no servirán ya para nada y desaparecerán completamente.
Aunque no existe ninguna razón para esperar de la burocracia
sindical actual -al menos como grupo-, que se reforme a sí misma,
siempre hay, en mi opinión, una ocasión de reformar las
instituciones de nuestros sindicatos.
En primer lugar, deberíamos reconocer que hay algunos pequeños
sindicatos que nunca han sucumbido a los cantos de sirenas de la colaboración
de clases, como United Electrical, la Asociación de las Enfermeras
de Cali-fornia, y la FLOC (trabajadores agrícolas).
Sindicatos combativos, que defiendan los intereses del trabajador contra
los patronos son hoy quizá más necesa-rios que nunca.
Tales sindicatos, dirigidos democráticamente, movilizando la
fuerza de los trabajadores en su empresa, pueden mejorar la vida diaria
de los trabajadores.
Pero incluso una dirección capaz y la movilización de
los afiliados en la empresa no pueden hacer frente de ma-nera adecuada
a los elementos más graves de la crisis de la UAW y otros sindicatos,
hoy.
El reto más importante al que se enfrentan todos los sindicatos,
y la UAW, aún más que la mayoría, es el coste de
la salud. Sólo los sindicatos americanos conocen esta situación.
Nuestro sistema de salud está en fase terminal.
Desde hace mucho tiempo, todos los demás países industrializados
tienen una cobertura de salud establecida ba-jo la autoridad del Estado.
Bien sea un sistema de medicina de Estado, como en Gran Bretaña
e Italia, cajas re-gionales como en Francia y Alemania, o de "contribuyente
único" como en Canadá, todo el mundo tiene acceso
a cuidados de calidad. Numerosos criterios, como la esperanza de vida,
la mortalidad infantil, ponen de manifies-to que la prestación
de cuidados es muy superior a la nuestra en todos esos países.
Sin embargo, la parte del PNB dedicada a la salud en Europa y Japón
es de un 20 a un 40% menor que la que se gasta en Estados Unidos.
El sector de la salud en los Estados Unidos no es un servicio público,
sino un producto, controlado por compañí-as privadas,
cuyos costes dependen de las capacidades del mercado. A menos que se
esa suficientemente pobre, o suficientemente minusválido para
beneficiarse de un tratamiento en algunos de los centros públicos
reestructu-rados, es necesario tener un seguro o un contrato privado
de seguro de enfermedad para tener acceso a servicios de salud.
Una tal cobertura está casi siempre vinculada al patrono, aunque
los patronos no tengan obligación legal de pro-poner un plan,
(por otra parte, el 40% de ellos no lo hacen). Millones de trabajadores
no pueden permitirse pagar su coste cuando se les propone un seguro
y deben pasar de ello. Añadid los trabajadores independientes,
que no tienen acceso a las tarifas colectivas, y llegaréis a
un total de más de 45 millones de trabajadores americanos sin
acceso a cuidados médicos.
La burocracia sindical es responsable de esta situación lamentable.
Los planes de seguro privados vinculados al patrono aparecieron durante
la segunda Guerra Mundial como una solución para eludir la congelación
de los sa-larios durante la guerra. "Asignaciones al margen",
como el seguro de salud, fueron considerados por el Gobier-no como excluidos
por las dificultades que pesaban sobre los salarios.
Después de la guerra, cuando los partidos obreros en los demás
países garantizaban, no solamente los cuidados, sino también
las jubilaciones y los permisos retribuidos, por una legislación
que amparaba a todos los trabajado-res, los dirigentes de la AFL y del
CIO decidieron que tales ventajas debían seguir estando vinculadas
a los con-tratos que firmaban con los patronos. Estos dirigentes visionarios
pensaban que eso haría a sus sindicatos más seductores.
Si los trabajadores querían tales ventajas, entonces podían
incorporarse al sindicato.
Para ser competitivo en el mercado laboral, numerosos patronos sin presencia
sindical comenzaron a proponer sus propios planes de seguro enfermedad
o de jubilación, para que estos planes dejaran de ser instrumentos
de sindicalización. Gracias a los burócratas sindicales,
los trabajadores que pierden su empleo pierden también su seguro
de enfermedad y, a menudo, su jubilación con él. Cada
vez que cambian de patrono, deben volver a em-pezar desde cero y reiniciar
la acumulación de derechos a los permisos pagados basados en
la antigüedad.
Obviamente, estas ventajas tenían siempre un coste para los trabajadores,
aunque no se tomaba nada directamen-te de su nómina salarial.
Se pagaban de los fondos acumulados por el patrono de una parte, negociada,
que habría sido diferida de los salarios.
Los costes de la atención médica y de la salud y las obligaciones
crecientes debidas a las pensiones de jubilación crecieron enormemente
desde la guerra. El coste de la atención médica en el
mercado, no es controlado ni por el patrono ni por el sindicato. No
pueden sino negociar la parte que la sociedad aceptará pagar
para cubrir este cos-te.
Según el anterior acuerdo, los afiliados a la UAW en General
Motors, pagaban colectivamente alrededor de un 7% del coste total de
la cobertura de la salud. El nuevo acuerdo urgente prevé 1 dólar
más por hora y que todo aumento de salario vaya a financiar el
pago de la cobertura de la salud. Por primera vez, la mayoría
de los pen-sionistas deberán pagar cotizaciones mensuales para
su propia cobertura de salud (UAW debe ir a juicio para te-ner el permiso
de llevar a la práctica este plan de "venta" de los
jubilados, en la práctica).
Se trata de una transferencia directa de riqueza, en miles de millones
de dólares, de los bolsillos de los afiliados a la UAW hacia
las arcas de General Motors.
Incluso si esto no es considerado más que como una medida urgente,
prevista para no durar por más tiempo que el contrato actual,
que expira en septiembre de 2007, GM presiona para que la UAW asuma
la responsabilidad de un porcentaje igual al 31% que pagan los asalariados
no sindicados.
Un nuevo frente político a abrir en la lucha de clases
Está claro que la única solución aceptable ante
la elevación de los costes de la salud, es retirarlo del sector
priva-do, rapaz e ineficaz. La salud debe convertirse en un servicio
público universal como lo es en todos los demás países
civilizados. Para eso, es necesario el poder político.
Un enfoque similar, por lo que se refiere a las jubilaciones debería
ser evidente. Igualmente fueron reducidas las asignaciones fijas y,
los planes de jubilación privados han sido reducidos en las grandes
sociedades como Enron, World Com..., en las compañías
aéreas, en el sector del acero, en la minería... Numerosos
planes en quiebra en sociedades más pequeñas, no producen
grandes titulares.
En la actualidad, el "peso de la herencia", las recompensas
prometidas a centenares de miles de pensionistas cu-yas décadas
de trabajo beneficiaron anteriormente a sus patronos, son afectados
en los Tres Grandes y sus sub-contratistas. Si estas obligaciones, antaño
grabadas en la roca, cogen el menor resfriado, podría esperarse
una epidemia que debilitará toda la estructura nacional de los
fondos de jubilación privados.
Puesto que no hay medio de proteger de la quiebra, nuestros acuerdos
negociados sobre las jubilaciones, debe-mos una vez más recurrir
al legislador. En vez de reducir las magras cotizaciones a la Seguridad
Social debemos aumentarlas de forma notoria. La sociedad debería
retomar los haberes y las obligaciones de cada plan de jubila-ción,
antes de que sean insolventes, e integrarlos en una Seguridad Social
reforzada.
¿Y el gran reto medioambiental de la industria del automóvil?
¿Y tantos otros? Intentando torpemente preservar los empleos,
son muchos los que, en las burocracias de la AFL-CIO y de "Cambiar
para Ganar", se han com-prometido a colaborar con los patronos,
para reducir las garantías medioambientales, para fomentar la
extensión urbana y las autopistas, para apoyar las perforaciones
de petróleo y gas en las frágiles aguas del Ártico
y de las costas.
Una nueva quiebra
Este es otro fuerte argumento para calificar todo eso de quiebra: la
quiebra total de las ideas, de la imaginación y de la integridad
entre los que se hacen pasar por "dirigentes sindicales".
A pesar de algunas excepciones honora-bles, los responsables sindicales
se convirtieron en tan cínicos e interesados por los beneficios
a corto plazo, co-mo los patronos contaminadores, e igualmente dispuestos
a ignorar las consecuencias desastrosas de los proyec-tos de hoy para
las generaciones que están por llegar.
Los afiliados no tienen ninguna preocupación por la destrucción
irreversible de nuestro medio ambiente. Eso no vale los escasos empleos
temporales que se nos proponen. En su lugar, necesitamos empleos correctos
que apor-tan algo a la sociedad.
Durante la segunda Guerra Mundial, la industria automobilística
americana se volvió hacia el esfuerzo de guerra. Todo eso fue
pagado por los contribuyentes. El Gobierno planeó toda la producción
desde los grandes proyectos hasta los problemas logísticos más
a ras de tierra. Y eso fue muy bien.
¿Por qué no adoptar un enfoque similar para modificar
la industria en interés de nuestro planeta? En vez de 4x4, ¿Por
qué los afiliados a la UAW no podrían producir lo que
permitiera una renovación masiva de los medios de transporte
públicos?
Tal enfoque está obviamente fuera del alcance de la negociación
colectiva tradicional. Para eso también, es nece-sario el poder
político.
Es necesario un partido obrero
Pero se trata de una clase de política totalmente diferente de
la que hemos conocido siempre. Mientras que, en todos los demás
países industrializados, los movimientos obreros han forjado,
todos ellos, al menos un partido de masas, aquí, las direcciones,
la burocracia sindical tradicional, fue hostil o temerosa de tal idea.
Al igual que intentan ser colaboradores responsables con el patrono
en la empresa, los dirigentes intentan tam-bién ser amigos de
los políticos al servicio de los patronos. Su idea de la acción
política se reduce a garantizar a los políticos su apoyo
para proyectos de repercusión local y a pedirles el derecho a
hacer adherir a trabajadores del sector público. Durante la época
de elecciones de 2004, los sindicatos gastaron 400 millones de dólares
para promover a sus "amigos" y, nunca durante la historia,
su influencia política ha sido tan débil.
Durante el reciente "debate" entre los que dirigen nuestros
sindicatos, la salud, las jubilaciones, el medio am-biente, han sido
apenas mencionados (eso incluye a la dirección de la UAW, que
está reputada de apoyar un pro-yecto de seguridad social por
distribución). Lo único sobre lo que no estaban de acuerdo,
era el saber cuánto era necesario gastar para los "amigos"
del mundo del trabajo y, en si se daba suficiente atención a
nuestros nuevos amigos potenciales entre los Republicanos.
Los consejeros de la "oposición" demócrata les
ponen en guardia contra el hecho de parecer demasiado a la iz-quierda.
Convencidos de que los que componen la base histórica del partido
en los sindicatos y en los movimien-tos cívicos y feministas
son demasiado estúpidos o demasiado tímidos para marcharse
algún día, los Demócratas siguen reduciendo las
diferencias con los Republicanos. Con gran perjuicio del movimiento
antiaborto, los De-mócratas pensaban que el nuevo Ministro de
Justicia era un muchacho válido, realmente, es la extrema derecha
del Partido la que protesta contra su nombramiento (y no nuestros amigos).
Y por supuesto, están los 15 que vo-taron el acuerdo de libre
comercio CAFTA, estos Demócratas que aceptaron el dinero de los
sindicatos, luego han ayudado a Bush a tener su flamante herramienta
para mundializar.
Pagamos el altísimo precio de no haber creado un partido nuestro.
Mientras los patronos tengan el derecho a mandar de manera incontestada
en Washington, en las capitales de Estado, en los ayuntamientos, la
clase obrera estará condenada a sufrir derrota tras derrota.
Para completar y reforzar el poder de nuestros sindicatos en la em-presa,
necesitamos un partido nuestro que lleve una actividad política
coherente en nombre de nuestra clase. En una palabra, necesitamos un
partido obrero.
Hay realmente un proyecto existente, denominado apropiadamente el Labor
Party. Lanzado por militantes que comprendieron la naturaleza de la
lucha de clase, como Tony Mazzocchi, que aportó el apoyo nada
desdeñable del OCAW, el sindicato de los trabajadores de las
industrias del petróleo, de la química y de la energía
nuclear, también atrajo el apoyo de esos sindicatos que habían
resistido a las sirenas de la colaboración, como la UE, las Enfermeras
de California, el FLOC, y de otros que están en ruptura con los
Demócratas como el BMWE, el Sin-dicato de los Empleados del Servicio
de Vías y Obras.
El Labor Party tuvo un arranque espectacular a mediados de los años
90. Cada uno de sus dos primeros congre-sos, atrajo a 1.400 participantes.
Adoptó un excelente programa, y ha desarrollado propuestas detalladas
para un programa de Salud Pública.
Desgraciadamente, el apoyo sindical se ha debilitado, menos por razones
políticas, que debido a reorganizacio-nes en la estructura de
los sindicatos. OCAW se fusionó con el sindicato del papel para
formar PACE y mientras que el nuevo sindicato seguía estando
afiliado al Labor Party, su compromiso y su financiación se reducían
es-pectacularmente.
Gerry Zero, un entusiasta partidario del Labor Party, en la segunda
sección más grande del sindicato de los Teamsters perdió
su mandato, lo que debilitó el apoyo allí también.
El BMWE se fusionó con Teamsters y no se fijaron los términos
de su futura relación con el Labor Party. Luego, poco tiempo
después el III Congreso del partido, Tony Mazzocchi fue víctima
de un cáncer, él que tenía un papel indispensable
en la construcción de este proyecto.
A estos problemas, se sumó la devoción sin límites
a la línea del "cualquiera excepto Bush" que abocó
al fracaso en las presidenciales de 2004. Lo que fue seguido del gran
"no debate" y la escisión sin principio, en la AFL-CIO.
Todo eso explica que el Labor Party permanezca inmóvil desde
hace algunos años.
En mi opinión, no se pueden esperar progresos para la clase obrera
a menos de sacar a flote la construcción del Labor Party. Quiero
decir que se trata de hacer algo más que encontrar afiliaciones
sindicales suplementarias o hacer adherirse a miembros individualmente,
aunque eso sea absolutamente necesario.
Necesitamos campañas visibles del Labor Party, que sean de carácter
electoral, ligadas a cuestiones precisas, o a cuestiones de solidaridad,
que deben ser asumidas no solamente por los afiliados de base, sino
por la mayoría no sindicada en la clase obrera. Debemos utilizar
estas campañas para no simplemente ejercer presión, protestar,
o mendigar, sino para construir una verdadera oposición a los
partidos gemelos de la patronal, una oposición con un programa
obrero claro cuyo objetivo es tomar el poder, no menos.
El grupo New directions del Sindicato del Automóvil UAW
da su posición sobre el acuerdo en General Motors
La colaboración entre la UAW y General Motors, que dura desde
hace 20 años, es bien conocida. Aunque no sea más que
raramente sometida a debates públicos, encontramos sus rastros
por todas partes. Un excelente ejemplo es el "acuerdo experimental"
que obligaría a los pensionistas a asumir una parte más
importante de sus gastos de salud y a los activos a pagarse el resto
de la suma total.
El proyecto de colaboración actual comenzó en abril de
2005.
Ron Gettelfinger, el Secretario General de la UAW, había garantizado
a los obreros impacientes y encolerizados que no renegociaría
el aspecto de salud del contrato de trabajo y que General Motors no
podía volver de nuevo sobre los subsidios de los pensionistas
actuales de manera unilateral. Había prometido mantenerse dentro
de los límites del contrato. Luego participó en reuniones
secretas con Delphi, con otros proveedores importantes y con los Tres
Grandes. Después de haber consultado a analistas financieros
de Wall Street, Gettelfinger, en realidad, ha sometido el contrato a
renegociación, lo que ha permitido así a General Motors
modificar el régimen del segu-ro de enfermedad de los pensionistas
actuales. Lo que General Motors no podía hacer de manera legal,
Gettelfin-ger lo ha hecho en su lugar.
Como miembros de la UAW, activos y jubilados, esta última consecuencia
de esta forma de coopera-ción/cogestión sindical nos lleva,
una vez más, sobre la resbaladiza pendiente de los retrocesos
injustificados. ¿Quién puede creer que es la última
vez que eso se va a producir y que no volverán a la carga? En
nuestro nom-bre y en nombre de todos los asalariados americanos, los
miembros de la UAW deberían rechazar este ataque contra los derechos,
costosamente conquistados, de los pensionistas.
Nota: Para más información, consultar el "sitio"
Internet del Movimiento por Nuevas Orientaciones de la UAW
www.uawndm.org.
El futuro de la clase obrera:
tres piedras angulares por Robin David
[Nota: Robin Davis es un antiguo obrero jubilado y delegado sindical
de la sección 1245 del sindicato IBEW. Fue uno de los principales
organizadores de la coalición que combatían por la municipalización
de la electrici-dad en San Francisco y Brisbane - Labor Task Force for
Public Power in San Francisco].
No podemos sino ver con buen ojo el hecho de que la necesidad de actuar
para frenar la dramática decadencia del movimiento obrero americano,
se impone finalmente a una franja de los dirigentes de la AFL-CIO. Para
la mayoría de simples afiliados, eso hace por lo menos legítimo,
el debate sobre la forma de retomar las cosas en mano y de parar la
verdadera caída libre que sufre nuestro movimiento.
Los militantes obreros que escriben en Labor Notes y a otras publicaciones
ya destacaron la validez de las críti-cas de la coalición
"Cambiar para Ganar", sobre la ausencia de voluntad de la
dirección de la AFL-CIO para desarrollar el sindicato. Se ha
establecido también que, "Cambiar para Ganar" tenía
métodos autocráticos, una concepción del sindicato
donde todo va de la cumbre hacia la base y todo tipo de gente se pregunta
si el llama-miento para desarrollarse no es una tentativa, simplemente,
para apoderarse de las organizaciones.
Eso viene inmediatamente a la mente cuando se menciona el nombre de
James Hoffa. No es sorprendente que los dirigentes de uno y otro borde,
se nieguen incluso a mencionar los tres factores esenciales para el
renacimiento del movimiento obrero: la democracia interna, la independencia
frente a los partidos políticos y el hecho de que el movimiento
sindical esté a la cabeza de todos los trabajadores. Estos tres
factores minarían su influencia sobre los distintos sindicatos.
La escisión causó muchas inquietudes y debates dentro
del movimiento obrero.
Desgraciadamente, estos debates tienden a limitarse a la búsqueda
de desacuerdos "reales", a intentar elegir uno de los dos
lados y evaluar los daños en términos de unidad y solidaridad
en el movimiento obrero. Resumida-mente, los militantes sindicales y
los que quieren reformar el sindicato, tienen tendencia a dejarse encerrar
en el marco de los debates establecidos por los dirigentes.
En vez de eso, los que, de entre nosotros, pretenden desde hace tiempo
transformar profundamente el curso del sindicalismo deberían
ver que esta escisión hace que, repentinamente, una proporción
mucho mayor de afiliados de base se siente íntimamente concernida
por el futuro del movimiento obrero. Eso hace también legítimo
el de-bate sobre muchos puntos que planteamos desde hace largo tiempo.
Debemos separarnos de las dos facciones de dirigentes fracasados y concebir
nuestro propio método de reconstrucción, basado en las
tres piedras angulares citadas más arriba.
La democracia interna.
A menudo, oímos a los permanentes y a los delegados sindicales,
reclamar que los afiliados se comprometan aún más, pero
esa es una concepción autocrática. Por nuestra parte,
nosotros, que estamos en las centrales nucleares, en las fábricas
o alrededor de la máquina de café y que hemos intentado
militar, no sabemos mucho más que, son los estatutos, los miembros
del comité y el peso de las tradiciones sindicales, lo que nos
lleva a la divergencia. No es, en absoluto sorprendente, que los dirigentes
actuales tengan más miedo de la democracia interna que de la
desaparición de organizaciones que los alimentan. Es una simplificación
quizá excesiva pero, la primera cuestión que los afiliados
plantearán en un debate realmente abierto, es "¿Quiénes
son responsables de este caos y qué hacer para echarlos?"
El combate por la democracia interna es y será la clave de la
regeneración del movimiento obrero, empezando por la elección
mediante sufragio directo de los delegados a los congresos y a los miembros
de la dirección. En mi sindicato, el IBEW, ni siquiera se elige
a los delegados sindicales. Lo que quizá es aún más
importante, no es tanto el propio convenio, como el derecho a votar
sobre todo lo que se refiere al convenio.
Del mismo modo, en mi sección, se sabía que la dirección
tenía siempre una carta de acuerdo -de la que nunca habíamos
oído hablar-, dispuesta para ponérnosla delante de las
narices, sin que se hubiera puesto a votación. La reforma de
los estatutos, elecciones transparentes, sin fraude, todo eso también
es primordial para establecer la democracia en los sindicatos.
La independencia respecto a los partidos.
La independencia respecto a los partidos políticos y el hecho
de que el movimiento sindical esté a la cabeza de todos los trabajadores
son cuestiones que no se pueden disociar una de otra.
Desde hace algunos años, se oyen llamadas cada vez más
abiertas a la colaboración con la patronal. Andy Stern del SEIU
(sindicato de los asalariados de los servicios) y James Hoffa Jr. son
a los que más se les oye, pero todos hemos oído hacerlo,
a dirigentes de los dos lados de la escisión. Y si, en adelante
quieren establecer una "colabo-ración" con los patronos,
hace mucho tiempo que están en colaboración con uno de
los patronos de los dos parti-dos políticos: el de los Demócratas.
Como sabemos demasiado bien, los amigos de la clase obrera sólo
lo son hasta que han sido elegidos. Por lo que se refiere al último
período, basta, para convencerse, mencionar el sistema por distribución,
la reforma de la Se-guridad Social, el TLC y ahora el CAFTA, la guerra
en Iraq y la ley antiterrorista. Con respecto a la ley de re-forma de
las quiebras, todos esperamos con impaciencia que los Demócratas
organicen una campaña para que el Capítulo 11 no pueda
utilizarse, para reducir a nada los acuerdos de empresa y para la defensa
de nuestras jubila-ciones.
Se cita siempre el pragmatismo como razón de no romper con los
Demócratas, pero un pragmático -habida cuenta del inexorable
deslizamiento a la derecha desde la ocasión en que Truman firmó
un acuerdo con Taft Har-tley-, no puede sino plantearse cuestiones en
cuanto al pragmatismo de la estrategia política de los dirigentes
del movimiento obrero. Muchos dirigentes sindicales están de
acuerdo en romper. El problema es que, nunca es el momento. ¿Dónde
estaríamos si lo hubiéramos hecho hace ya mucho tiempo
y dónde estaremos pronto, si no se hace inmediatamente?
El papel de los dirigentes sobre estas cuestiones rompe realmente con
la forma en que se implicó el movimiento obrero durante la última
importante escisión en el sindicalismo, durante la llegada del
CIO. El CIO combatía no solamente sobre la cuestión de
la representación de los sindicatos (por más que eso,
en la época, era revoluciona-rio), sino también por las
ayudas a los parados y su reempleo, la seguridad social, el pago de
las horas extraordi-narias y todo lo que nos recuerda hoy la red de
seguridad de las garantías sociales, que muchos atribuyen a Roo-sevelt.
Mientras que el CIO conocía un extraordinario desarrollo, precisamente
porque defendía a toda la clase obrera, los dirigentes actuales,
con su aceptación del sistema de dos velocidades (de los derechos
diferentes según que se esté afiliado o no), se niegan,
a menudo, a luchar por los que estarían dispuestos a unirse a
sus organizaciones.
Esta incapacidad para dirigir un movimiento social que defienda a toda
la clase obrera, tiene un vínculo directo con la colaboración
con la empresa y el partido de los patronos. Para mí, el ejemplo
más sorprendente, última-mente, es el vuelco de los sindicatos,
en particular en la región del Medio Oeste: dejaron de defender
el sistema por distribución de la Seguridad Social, con ocasión
de la primera campaña para las presidenciales de Clinton, mientras
que la masa estaba a favor. No aceptaban nada que pudiera cuestionar
la reforma del sistema de salud, completamente inaplicable, predicada
por Clinton.
La colaboración con instituciones que viven del seguro de enfermedad,
como el SEIU (Sindicato de los Trabaja-dores de los Servicios) y Kaiser,
tampoco induce a llevar una campaña en favor del sistema por
distribución. No obstante, la lista de las cuestiones en que
los dirigentes sindicales decidieron apoyar el partido Demócrata
en de-trimento de los intereses de los afiliados y de la clase obrera
en su conjunto, es larga e incluye al TLC. Nos co-rresponde a cada uno
de entre nosotros, decidir cuál de sus elementos constituye la
peor traición.
El futuro del movimiento obrero y el CIO.
Es reconfortante ver que Andy Stern no se a sí mismo por John
L. Lewis y que hace muy pocas referencias al CIO. Sin embargo -y en
particular para los que, de entre nosotros, consideramos el período
Lewis como el apo-geo del movimiento obrero-, vale la pena comparar
los dos períodos.
Por supuesto, la mayor diferencia, es la crisis de 1929 y sus desastrosas
consecuencias. La sindicalización no se derivaba tanto de una
estructura como de la desesperación. Los obreros de entonces,
estaban mucho más cerca de no tener ya nada que perder, que un
sindicado de hoy que debe pagar los contratos e intereses de su tarjeta
de crédito, rembolsar créditos al consumidor, invertir
en su fondo de pensión privado y que intenta hacer horas ex-traordinarias.
Los dirigentes que se escindieron de la AFL para constituir el CIO no
se preocupaban más de la democracia obrera que los que permanecieron
en la AFL o que, por otra parte, Andy Stern et James Hoffa. Era de pública
notoriedad que, Lewis el dirigente más importante y el más
carismático del CIO, tenía un escuadrón de esbirros
que patrullaban los congresos de la UMW y arrollaban a golpes a cualquiera
que expresara una opinión contra-ria, antes de ponerlo literalmente
fuera.
Dicho esto, la lucha por la democracia interna debe ser la base de toda
tentativa de volver a dar auge al movi-miento obrero. Es necesario también
tener en cuenta que, en los años treinta, la democracia se derivaba
del "afán personal de los miembros" o más concretamente,
de la tentativa desesperada de luchar por un mundo mejor, más
bien que al contrario.
La democracia, no era en primer lugar y sobre todo, una estructura impuesta
por los dirigentes. Al contrario, formaba parte de la dinámica
de grupos en que, obreros, que a menudo aún no se sindicaban,
se agrupaban en Comités encargados de la organización
de la lucha, en Comités de negociación y en Comités
de huelga y que lla-maban a la huelga, a menudo sin la autorización
de nadie ni sin ser sancionados.
Es necesario también destacar que, en cada gran lucha -San Fancisco,
Minneapolis, Toledo y Flint, por no citar más que algunas-, se
encontraban en número significativo Comunistas, Socialistas,
Trotskistas, Mustistas y toda clase de agitadores que tenían
su papel en la organización de estructuras democráticas
y en el desarrollo de estrategias inflexibles que, a menudo, estaban
en contradicción total con lo que venía de la cúpula
y ellos eran más numerosos, más decididos y mucho mejor
organizados que los sindicalistas actuales.
Este abanico de militantes de izquierda llegaba, frecuentemente, a hacer
aplicar la democracia, porque se basa-ban en la desesperación
de las masas y la organizaban.
Dejar a los fracasados dirigentes -de los dos lados-, establecer el
marco de debate del futuro del sindicalismo, es volver a poner nuestro
movimiento en sus manos. Para los que de entre nosotros, quieren regenerar
y recons-truir el sindicalismo, debemos, no sólo cambiar de dirigentes,
sino que debemos también rechazar la "colabora-ción"
con los patronos, con los partidos burgueses y con las políticas
del gobierno respaldado por los patronos.
Es sirviéndose de las tres piedras angulares de la acción
política obrera independiente, haciendo reformas demo-cráticas
internas y considerando que los sindicatos deben luchar por el conjunto
de la clase obrera, como encon-traremos una orientación justa.
UN FORO SOBRE UNA POLÍTICA
OBRERA INDEPENDIENTE
ORGANIZADO EN NUEVA YORK POR
UNIDAD E INDEPENDENCIA
[Nota: El 21 de octubre, más de 40 sindicalistas y militantes
obreros se reunieron en los locales de la sección 1180 del sindicato
CWA en Nueva York para discutir sobre el futuro del movimiento obrero
y sobre la lucha pa-ra la acción política independiente.
la reunión estuvo presidida por el co-redactor del boletín
de información de UNIDAD e INDEPENDENCIA, Ed Rosario, responsable
sindical que representa a la sección 1 de l'Amalgama-ted Lithographers
of America-IBT, el Sindicato de los Tipógrafos. Publicamos breves
extractos de tres de las in-tervenciones. - Sara Burke]
Nancy Romer, miembro del Consejo Ejecutivo del PSC, Sindicato del Personal
Docente de la Universidad de la Ciudad de Nueva York - AFT 2334; Presidenta
del Comité "Paz y Justicia" del PSC
La escisión de la AFL-CIO suscita una oportunidad para reflexionar
sobre a dónde va el movimiento obrero. No quiero ser pesimista.
La división refleja una frustración profunda después
de años de inacción. La solución de Andy Stern,
consiste en cambiar la estructura sin considerar porqué las tácticas
no han funcionado anteriormente.
Además, el servilismo respecto a los demócratas y/o a
los republicanos no es una solución. Eso corresponde al programa
de la clase dirigente -el despedazamiento de la red de protección
social, la invasión de Iraq, el aban-dono a las personas y a
las infraestructuras...-. Y las cosas van, todavía, a empeorar
mucho.
La actividad y el discurso sindical parecen privados de sentido a la
mayoría de los trabajadores porque no les di-cen nada. El papel
de los sindicatos debe ser ofrecer un análisis y una perspectiva
de cambio, un medio de ins-taurar un mínimo de dignidad humana.
Nuestra numerosa mano de obra inmigrada nos da una vista privilegiada
sobre la forma en que los inmigrantes ven las barreras reales que se
levantan contra ellos, empeorando la vida de los trabajadores cada año.
El movimiento obrero debe alinearse con los movimientos sociales, los
movimientos contra el racismo, contra el sexismo y en defensa de los
derechos de los inmigrados.
Debemos responder a la aspiración de los trabajadores que debe
vivirse en una sociedad digna. Los sindicatos deben convertirse en organizaciones
de solidaridad.
En el plano electoral, no estoy satisfecha de los partidos que existen
fuera de los dos grandes partidos y no soy contraria a que se apoye
a los demócratas de manera limitada hasta que construyamos un
tercer partido viable.
Pero para construir este partido viable, debemos comenzar a nivel local.
No pienso que, actualmente, sea útil promover a nadie como candidato
independiente a un puesto nacional.
Debemos construir en primer lugar, localmente. Debemos implicar a la
base.
Chris Silvera, Secretario General adjunto de la sección 808
del sindicato de los Teamsters (Sindicato de los Camioneros); Presidente
del Comité Nacional Negro de los Teamsters.
Nuestro movimiento sindical está formado por sindicatos de colaboración
de clases con una dependencia excesi-va frente al partido Demócrata.
Y, sí, es cierto, los dos partidos conspiran contra la clase
obrera. Clinton era un lobo disfrazado en oveja. Al menos Bush es un
lobo que no se camufla esconde oculta.
Pero si queremos construir un partido de los trabajadores, debemos aceptar
tener desacuerdos sobre muchas cuestiones importantes.
No hay cincuenta puntos sobre los cuales sabríamos ponernos todos
de acuerdo. Pero tenemos diez. Si añadimos el control de las
armas o el aborto, será la división.
Debemos abordar esta escisión en el movimiento obrero no para
saber de qué lado se está, sino a partir de los puntos
que tenemos en común.
Debemos estar contra la ley Taft-Hartley y las leyes antisindicales
y encontrar formas de trabajar unidos.
Debemos dar una orientación al movimiento. Estamos en condiciones
de hacer salir a la calle, a entre uno y dos millones de personas. Deberíamos
hacer lo que hacen los trabajadores en Francia, cuando hacen huelgas
genera-les masivas. Junto con los trabajadores o contra los trabajadores:
ésa es la elección.
Mark Dudzic, responsable sindical nacional, miembro del Labor Party;
antiguo responsable del Sindicato del Petróleo, Química
y Energía Nuclear de New Jersey
¿Alguien se da cuenta de la importancia del año 1973?
Era el punto culminante para los salarios, el punto a partir del cual
las cosas comenzaron a ir mal para los trabajadores. Hace 28 años
que Doug Frasier, de la UAW hizo un discurso que denunciaba la lucha
de clases en América. Hace 25 años que hubo PATCO, y que
no nos movimos, eso fue lo que abrió la vía a la lluvia
de golpes contra los sindicatos.
Hace diez años que el TLC y la reforma de la seguridad social
pasaron. Todo el mundo se da cuenta de la crisis en la que nos encontramos,
pero todo eso corre el peligro de oscilar. El movimiento obrero podría
no sobrevivir al paso del siglo, en el sector privado (y quizá
bien también en el sector público).
Es fácil ser cínico respecto al movimiento sindical.
No tomaré partido excepto sobre una cuestión: la cuestión
política.
La forma en que los trabajadores ven nuestra política se deteriora.
Nadie propone perspectiva sobre lo que debe hacerse por los trabajadores
para obtener el poder.
Piensan que todo consiste en encontrar cómo bombear dinero en
un sistema bipartito en quiebra.
El Labor Party se basó en la idea de que nosotros necesitamos
un partido. Nos agrupamos en una época diferen-te, al final de
los años 90. La reforma de la seguridad social, el TLC, las políticas
neoliberales. La gente com-prendió que era necesario crear una
alternativa. El movimiento sindical se despertaba en ese momento, ganaba
algunas huelgas, preveía afiliar a un millón de trabajadores
al año.
Hacia mediados de los años noventa hubo un aumento de optimismo
que condujo a la formación del Labor Party. Este aumento no desembocó
en la formación de un partido de masas porque, finalmente estaba
basado en un movimiento en contracción y esencialmente en retirada.
Cometimos errores en la construcción del partido, pero la razón
fundamental por la que no tenemos un Labor Party en Estados Unidos,
es el hecho de que el movimiento obrero no abordó esta cuestión
fundamental.
¿Qué hacer, pues? Pienso que hay cinco cosas que podemos
hacer:
1. Desplazar recursos hacia una política independiente. Un 10%
de los 500 millones de dólares gastados en la campaña
perdida de Kerry podrían financiar ya este proyecto.
2. Debemos desarrollar campañas ofensivas para el cambio más
bien que campañas defensivas. Hemos hecho fracasar la "reforma"
de la seguridad social, pero: ¡¿Quién habría
pensado que en el siglo XXI tendríamos que gastar para ello todo
nuestro capital político?! Llevamos una batalla defensiva. Necesitamos
una campaña real para un seguro de enfermedad universal en vez
de combatir reducciones sucesivas en la asistencia sanitaria.
3. Debemos encontrar ocasiones de desarrollar programas piloto, como
el de Carolina del Sur donde una sección de la ILA presentará
a un candidato independiente a unas elecciones. En algunos lugares,
hay oportunidades de comprometerse en una política electoral
independiente eficaz sin jugar al agua-fiestas. Es necesario que haya
una reforma electoral para abrir el sistema. Además debemos evaluar
la historia de siete años del Partido de las Fami-lias Trabajadoras.
¿Sirvió a los intereses de una política independiente?
4. Debemos reconquistar la política para nuestros afiliados ya
que piensan que la política es una estafa. Hay me-dio de convencer
a un 60% de ellos, de votar el día de las elecciones, tapándose
la nariz, pero es necesario que movilicemos y eduquemos a nuestros adherentes.
5. Debemos volver a actuar como un movimiento social. Debemos hablar
en nombre de TODOS los trabajado-res, no solamente de los afiliados
de CTW o de la AFL-CIO.
He aquí cinco cosas que podemos hacer. El pueblo americano está
harto de guerra, harto de la cruel negligencia que reveló el
huracán Katrina.
Los movimientos desde la base están en crecimiento. Por ejemplo,
en California las enfermeras combaten a Schwarzenegger. Eso se impulsó
desde la base y no está controlado por los Demócratas.
Los trabajadores lo des-enmascararon. El problema es que no hay partido
de oposición que pueda ir más lejos.
Nuestra tarea es construir este partido.
Extractos del periódico Labor Party News
[Nota: Publicamos extractos de dos artículos que se han aparecido
en los números de septiembre y octubre de 2005 de Labor Party
News, la publicación mensual del Labor Party. Las ediciones completas
de Labor Party News pueden consultarse en el sitio web del Labor Party,
www.thelaborparty.org.]
Baldemar Velasquez, Presidente del FLOC (Comité de Organización
Sindical de los Trabajado-res Agrícolas) habla del futuro del
movimiento obrero
No estoy seguro de que las propuestas de un grupo o del otro cambiarán
radicalmente grande cosa. Las señales eran visibles desde hace
años, y la gente discute siempre de cambios cosméticos...
Nadie discute de cómo construir un movimiento sindical realmente
internacional. No hablo simplemente de "so-lidaridad" o de
"ayuda" hablo de encontrar los medios de crear sindicatos
internacionales en condiciones de ope-rar con métodos que reflejen
la integración de la economía mundial.
La verdadera tragedia es que los sindicatos americanos ni siquiera están
en condiciones de coordinar sus activi-dades en una misma ciudad mientras
que la gente que se opone a ellos coordina sus operaciones y enfrentan
a los trabajadores unos contra otros en decenas de países al
mismo tiempo.
Nada cambiará realmente, mientras que los sindicatos no hayan
comprendido la fuerza de la mundialización por-tadora de subcontratación,
privatización y ofensiva antisindical en cada país del
mundo. Nuestra política debe basarse en esta comprensión.
Es mucho más importante invertir en nuestro futuro y construir
las alianzas estratégicas que nos permitirán en-frentarnos
a las empresas a escala internacional que preocuparse de quién
ganará las próximas elecciones.
Los sindicatos no pueden ser dirigidos como empresas. Realmente me irrito,
cuando los líderes sindicales co-mienzan a discutir de densidades
y cuotas de mercado. [El FLOC] nunca habríamos ganado la campaña
de Mt. Olive si pensáramos así. Una vez que un sindicato
comienza una batalla, no puede ya abandonarla. Nuestra pro-pia existencia
depende de la confianza y el respeto de los que afirmamos representar.
Perdido esto, no queda na-da.
"Es hora de mojarse": una encuesta del Labor Party entre
sus miembros, sobre campañas políti-cas independientes
Los miembros del Labor Party respondieron con entusiasmo a la encuesta
"¿Qué piensas sobre esto?" realizada este verano.
La encuesta pretendía establecer el dictamen de nuestros afiliados
sobre temas muy variados así co-mo recoger características
demográficas.
Sobre la estrategia electoral del Labor Party, más del 65% de
los que respondieron estaba parcial o enteramente de acuerdo en que
nosotros deberíamos "mojarnos en la arena electoral"
o incluso que deberíamos "presentar candidatos independientemente
de las consecuencias". Un 22,6% de los encuestados siguen pensando
que no es necesario presentar a candidato para "hacer de agua-fiestas".
He aquí una respuesta típica: "Apoyé al Labor
Party durante numerosos años y pienso que están en la
buena vía. No veo ninguna otra alternativa para los trabajadores.
Puedo equivocarme, pero creo que deberíamos presen-tar un candidato.
Puedo equivocarme, pero pienso que es necesario aumentar el juego.".
Muchos miembros se declararon decepcionados del ritmo de crecimiento
del Labor Party. Pero una mayoría aplastante ve este esfuerzo
como demasiado importante para dejarle caer.
"El trabajo más enriquecedor que hice y las experiencias
más ricas que tuve durante los diez últimos años
estu-vieron vinculados al esfuerzo de construcción del Labor
Party.". Otro adherente nos escribe: "La fuerza del La-bor
Party reside en su plataforma, su preparación para tomar las
riendas del poder y su experiencia de organi-zación de la gente.
Su futuro se sitúa con los millares que son arrojados fuera del
sistema económico.".
El 15 de octubre Sindicalistas Negros,
han tomado la palabra en la
"Marcha del Millón y más" en Washington
[Nota: El 15 de octubre, una muchedumbre considerada entre 600 000
y 700 000 personas se reunieron en Washington en la Marcha del Millón
y más (MMM) en respuesta a convocatoria de la Nación del
Islam de Louis Farrakhan. Constituido como un amplio "frente único"
de trabajadores negros, el MMM agrupó a un amplio abanico de
oradores, incluidos tres sindicalistas negros que presentaron a la multitud
una perspectiva sindical. He aquí amplios extractos de estas
tres intervenciones.]
Patricia Ann Ford, representando al Consejo Sindical de la ciudad de
Wasington DC.
En nombre de mi Presidenta, Joselyn Williams, os aporto el apoyo fraternal
de la Unión Local de la AFL-CIO de Washington. Y más aún,
voy a comunicaros mis sentimientos. Y voy a citar a una de nuestras
compañeras más famosas del movimiento de los derechos
cívicos, Fannie Lou Hamer: "¡Ya estoy más que
harta de esa gente que intenta deciros que son vuestros dirigentes!".
Estoy harta de los que intentan romper el movimiento sindical, mientras
que nosotros, hicimos más, para sacar a la gente de la miseria,
que cualquiera desde la Colina del Capitolio y la Casa Blanca. Estoy
harta del racismo en este país.
América se encontró completamente desnuda con Katrina.
Ahora lo sabemos, el mundo entero lo sabe. No debe-ríamos, pues,
hablar más de globalización desde un punto de vista económico,
deberíamos hablar desde un punto de vista de comunidad.
Agrupémonos con nuestros hermanos y nuestras hermanas del mundo
entero, y agrupémonos aquí y actuemos como si fuera nuestro
país y reivindiquemos lo que queremos y vayamos a decirles quién
va a hablar en nuestro nombre, y que no van a ser ellos quienes nos
dicen cuando, cómo y quién tiene el derecho a hablar.
Chris Silvera, Presidente de la Comisión Nacional Negra del Sindicato
de Transportes (TNBC)
Estamos aquí en nombre del movimiento sindical. Un 95% de los
negros son trabajadores. De ese 95 %, un 30% son afiliados del movimiento
sindical organizado. Estoy aquí esta tarde, con mi compañero
Clarence Thomas de la sección local 10 de la ILWU, y represento
aquí al sindicato de los Camioneros. Os quiero traer mi fraternal
sa-ludo a todos los trabajadores aquí presentes. Nosotros hemos
hecho un llamamiento para un movimiento sindical más militante.
El movimiento sindical ha aportado más poder a los obreros, nos
aportó la jornada de ocho horas, los permisos pagados, las jubilaciones
y la derogación de las leyes sobre el trabajo infantil en este
país. Hoy nos movilizamos en nuestro propio nombre, y es como
sindicalistas negros que nosotros hemos hecho el llamamiento para galva-nizar,
para proteger los acervos del sindicalismo.
Nosotros también os convocamos a la defensa de la ley Davis-Bacon
[Normativa Federal por la que se fija el tipo del salario mínimo
en varios sectores de actividad incluidos la construcción y las
obras públicas - NDLT], para defender las leyes vigentes sobre
los salarios para la reconstrucción de la Región del Golfo
de México. Exigimos un salario digno para todos los trabajadores,
exigimos los servicios de salud para todos, exigimos el manteni-miento
de todos los planes de jubilación con varios patronos, formulamos
la exigencia de la derogación inmedia-ta de la ley antisindical
Taft-Hartley, formulamos la exigencia del derecho de huelga sin ser
sustituidos.
Tales son las reivindicaciones de los trabajadores. Son reivindicaciones
inmediatas, podemos arrancarlas ahora. Debemos movilizarnos, debemos
manifestarnos, debemos bloquear toda la región del Golfo de México
para ga-rantizar que los trabajadores no trabajarán por salarios
de miseria.
Clarence Thomas, Co-presidente del Movimiento de la Marcha del Millón
de Trabajadores, miembro del Comité Ejecutivo de la Sección
Local 10 del ILWU.
Es un momento determinante, no solamente para el movimiento sindical,
sino para todos nosotros. Es el momen-to de forjar nuevas alianzas.
Los trabajadores tienen que hablar en su propio nombre. Es el momento
para forjar-nos nuevas alianzas. Es necesario que haya una alianza más
fuerte entre el sindicalismo organizado, los trabaja-dores no organizados,
entre las comunidades religiosas, los progresistas.
Debemos tomar posición, inmediatamente, por lo que se refiere
a lo que está pasando en el Golfo de México. Debemos pronunciarnos
movilizándonos con la gente de la región y decir que los
salarios se mantendrán en su nivel debido, que existirá
el derecho al retorno para los que viven en la región del Golfo.
Incluso si debemos vivir un acontecimiento especialmente importante,
y es el caso, tenemos que comprender que debemos constituir un movimiento.
Debemos comenzar a constituir un frente único, agruparnos sobre
temas de interés común, dejar de de lado nuestras diferencias.
Porque no tenemos mucho tiempo para hacer lo que es ne-cesario. Y os
lo digo ahora: ¡Agarrad el tiempo, Agarrad el momento! ¡Viva
el Movimiento del Millón y más! ¡Viva el espíritu
de la Marcha del Millón de Trabajadores!
Declaración de apoyo a las propuestas del SOPA sobre la realiza-ción
de un "Frente unido contra la pobreza" (Adoptada por una-nimidad
de los presentes en la reunión del Comité por la Marcha
del millón de trabajadores el 14 de octubre de 2005)
El verano pasado, la dirección de la COSATU (Confederación
de los Sindicatos de Sudáfrica, que es la principal confederación
sindical del país), hizo un llamamiento con el fin de constituir
una nueva coalición contra la po-breza y el desempleo.
En respuesta a este llamamiento, el compañero Tiyani Lybon Mabasa,
en nombre del SOPA (Partido Socialista de Azania [África del
Sur - NDLT]), envió una carta abierta a la COSATU en la que formuló
cuatro importantes propuestas, sobre la mejor manera de realizar un
frente unido contra la pobreza en Sudáfrica. El camarada Maba-sa
fue uno de los oradores en la Marcha del Millón de Trabajadores
sobre Washington el 17 de octubre de 2004. Más recientemente,
a mediados del mes de agosto de 2005, intervino en la Convención
de la Sección del Sindi-cato de los Trabajadores Negros del Sindicato
de los Camioneros (TNBC) en Chicago.
Nosotros, sindicalistas y militantes políticos de todas las regiones
del país, que nos hemos agrupado en la reu-nión del Comité
para la Marcha del Millón de Trabajadores celebrada en el Ayuntamiento
de Washington el 14 de octubre de 2005, la víspera de la imponente
Marcha de más de un millón de trabajadores, acordamos
nuestro apoyo a las propuestas contenidas en la carta abierta presentada
por el compañero Mabasa. Creemos, por otra parte, que el mérito
de estas propuestas, es que sobrepasan las fronteras de Sudáfrica,
puesto que el pueblo traba-jador y los oprimidos de todos los continentes,
deben enfrentarse a las mismas prescripciones, dictadas por el ca-pital
financiero internacional: el saqueo en nombre del reembolso de la deuda,
los ataques contra las empresas y servicios públicos por medio
de su privatización y su destrucción, y la imposición
de los criminales planes de ajuste estructural del FMI, del Banco Mundial
y de la OMC.
Las propuestas del SOPA expresan las siguientes exigencias:
1. La deuda pendiente de pago del régimen del Apartheid debe
cancelarse completa e incondicionalmente. No es la deuda del pueblo.
Y sin embargo, contribuye aún, a multiplicar los obstáculos
que minan la soberanía de la nación sudafricana. Al mismo
tiempo, recortada los recursos que faltan, apremiantemente, para la
edu-cación, la salud, la vivienda, el agua, los transportes,
la electricidad y otros servicios esenciales.
2. Uno de los objetivos esenciales de la lucha de liberación
era la reconquista de la tierra acaparada por la mi-noría blanca.
Es necesario proceder a una reforma agraria de gran amplitud. La tierra
debe devolverse a sus propietarios legítimos: ¡la mayoría
negra! No pensamos que sea posible lanzar una guerra eficaz contra la
pobreza sin dar la tierra a los millones de campesinos y agricultores
a quienes se les privó de ella y que la reivindican.
3. La COSATU adoptó una posición muy firme contra la privatización
de nuestros servicios públicos y nues-tros recursos naturales.
No cabe duda alguna de que las privatizaciones provocan la pobreza.
Es necesario pararlas inmediatamente. No existen las "buenas"
privatizaciones. Una nación debe estar en condiciones de beneficiarse
plenamente de sus recursos naturales y de sus servicios públicos.
Esto no es posible, más que cuando pertenecen al pueblo, es decir,
cuando están nacionalizadas.
4. Para apropiarse de nuevo, de lo que legítimamente pertenece
al pueblo y construir una campaña de frente único contra
la pobreza, los trabajadores necesitan sus propias organizaciones independientes,
sus propios sindicatos independientes.
Nosotros, que no hemos reunido en Washington, apoyemos estas propuestas
y animamos a todos los sindicalistas y a los militantes a discutir ampliamente.
Intervengamos colectivamente en este debate internacional sobre la mejor
manera de desarrollar una lucha independiente para erradicar la pobreza,
no solamente en Sudáfrica sino en todo el mundo.
Discurso de Jesse Jackson
en la Convención del 20 de septiembre
Jesse Jackson, uno de los principales dirigentes negros ligado al Partido
Demócrata, ha sido invitado al Congreso del Transport Worker's
Union of Americabs (Sindicato de los Conductores de Taxi).
Dirigiéndose a los delegados, el 20 de septiembre de 2005, declaró:
"No estoy contento de los demócratas y no tengo miedo de
los republicanos. Ya es hora de contraatacar de una manera independiente.
Es hora de luchar. Necesitamos un movimiento obrero político.
Necesitamos un Workers Party [Partido de los Trabajadores]. Debemos
combatir por los derechos de los trabajadores, por la protección
de la salud, por la defensa de los empleos, por la justicia, por el
derecho a la educación y a la vivienda."
En el mismo discurso, Jesse Jackson volvió de nuevo sobre la
situación en Nueva Orleáns.
"Los medios de comunicación dicen: "¡Y bien,
son refugiados!". "¡No, no y no!. Son ciudadanos, ciudadanos
americanos, no hay refugiados. No somos refugiados, somos ciudadanos
(...).
Me acuerdo de la convención demócrata en Chicago, en 1968,
cuando la policía comenzó a aporrear manifes-tantes que
protestaban contra la guerra. Los manifestantes, entonces, comenzaron
a corear: "¡El mundo entero nos observa!" (…).
Hemos visto gente amarrada en sus tejados durante una semana, hambrientos
y reclamando pan y agua. Sea eso consecuencia de la raza, de la clase
o de la pobreza, el mundo entero observaba a los que estaban pillados
así en la trampa. En 48 horas, hemos lanzado en paracaídas,
comida y agua potable después del maremoto en In-donesia.
Inmediatamente después del ataque del 11 de septiembre, el Sr.
Bush se personó en la Ground Zero (el lugar de emplazamiento
de las torres destruidas el 11 de septiembre), dio el abrazo a los policías
y a los bomberos de Nueva York. Pero en dos días, no ha ido verdaderamente
a Nueva Orleáns. Y el mundo entero observaba... ¿Era incompetencia?
Había un poco de eso. ¿La estupidez? Un poco de eso también.
¿La raza o la clase? Segura-mente, eso también. Nada de
eso es aceptable. Tenemos todo el derecho a ser protegidos. (...)."
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